Ampliar imagen
   
Béla Lugosi
     



 
  Nombre verdadero :
Béla Ferenc Deszé Blasko.
  Fecha y lugar de nacimiento :
20 de octubre de 1882, en Lugos (Hungrí­a; actual Rumaní­a).
  Fecha y lugar de defunción :
16 de agosto de 1956, en Hollywood, Los Angeles, California (Estados Unidos), ví­ctima de un ataque cardí­aco provocado por una sobredosis de estupefacientes.
  Actividades previas :
de ascendencia magyar, su padre oficiaba de banquero y tuvo a su cargo seis hijos, el menor de los cuales sería Béla; pronto abandona sus estudios para dedicarse a la práctica deportiva y al teatro, disciplina en la que adquiere experiencia a través de una compañía ambulante; a medida que adquiere las tablas suficientes para enfrentarse a la representación de obras teatrales en el seno del Teatro Real de Hungría (1911) utiliza el seudónimo de Béla Lugosi, apellido en honor a su pueblo natal; en un par de años entra a formar parte del Teatro Nacional de Hungría, donde representa papeles de extraordinario prestigio escénico; reclamado por el ejército de su país, se integra en la 43 División de Infantería durante la segunda fase de la Primera Guerra Mundial (1916-1918); regresa al teatro, pero en poco tiempo recibe ofertas del mundo del cine, especialmente de la mano de los directores Alfred Deésy y Mihaly Kertész (más tarde, adoptaría el nombre de Michael Curtiz); al igual que Curtiz, se decide por probar fortuna en suelo estadounidense, donde recala en el invierno de 1920, meses más tarde de haberse separado de su primera mujer.
  Otros datos :
casado y divorciado de Ilona Szmik (1917-1920), de Ilona Von Montagh (1921-1925), de Beatrice Woodruff Weeks (1929-1929) y de Lilian Arch (1933-1953)(hijo: Béla Jr.); casado con Hope Lininger (1955-1956); nacionalizado estadounidense en 1931.
     
    A modo de premonición de lo que le depararía su futuro profesional en los Estados Unidos, Béla Lugosi nació en una localidad que dista apenas algunas decenas de kilómetros de Transilvania... Pero su tránsito hasta llegar a ser reconocido mundialmente como el conde Drácula en el film homónimo de Todd Browning se «eternizaría» en función de su prolífica actividad teatral a principios del siglo XX, de su presencia en la cinematografía magyar por espacio de tres intensos años —donde destaca su participación en otras tantas producciones de la Phönix bajo la tutela de Mihaly Kertész, en arte Michael Curtiz (Az ezredes, Kilencvekilenc, Lulu)— y de su asentamiento en la Meca del cine que tardaría en concretarse una década entera. Sin duda, esta situación de impasse experimentada por Lugosi en sus primeros años en el seno de la industria cinematográfica norteamericana tenía su razón de ser por su casi nulo conocimiento del inglés, limitándolo a papeles secundarios de escaso relieve. Próximo a cumplir cincuenta años y sin haber abordado una composición de verdadera enjundia para la gran pantalla, Béla Lugosi sería propuesto para encarnar al conde Drácula al adecuarse perfectamente a la edad exigida y debido a su origen centroeuropeo. Universal acertaría en su apuesta por esta adaptación de la novela de Bram Stoker, que rivalizaría con la versión para la gran pantalla, filmada ese mismo año —1931—, del Frankenstein: el nuevo Prometeo de Mary Shelley, que financiaría la misma compañía. Integrado definitivamente en el star system de la Universal en su departamento de películas de terror, Béla Lugosi actuaba en función de las necesidades de la productora, adecuándose a toda suerte de roles en series B catalogadas hoy en día de pequeños clásicos (White Zombie, Murder in the Rue Morgue y una primeriza versión sonora de La isla del doctor Moreau de H. G. Wells rebautizada como La isla de las almas perdidas). Adoptando a menudo una composición subordinada al auténtico dominador de la escena del terror de la época, Boris Karloff, Béla Lugosi se transformaría en el servil Ygor, un individuo jorobado, en la serie de continuaciones que se elaboraron a partir del doble éxito de Frankenstein (1931) y La novia de Frankenstein. Así pues, La sombra de Frankenstein y The Ghost of Frankenstein participaban de una misma necesidad por «resucitar» a una de las «criaturas» que mayores dividendos había generado para la compañía, pero las expectativas se vieron frustradas. Un postrero intento en este sentido sería enfrentar a El hombre lobo —encarnado con anterioridad por Béla Lugosi— con el monstruo de Frankenstein, en una suerte de híbrido —Frankenstein Meets the Wolf—, firmado nuevamente el guión por Curt Siodmak, que alcanzaría cotas irrisorias. A diferencia de Karloff, con quien coincidiría en los platós en ocho ocasiones --con un balance general favorable, entre cuyos aciertos figura Satanás, en la que el intérprete de origen húngaro ejerce de escritor inglés--, tan sólo cumplimentaría un título para la RKO de Val Lewton —The Body Snatcher, en su acostumbrada aparición como ayudante desgarbado—, refugiándose en su transfiguración de conde Drácula (El retorno del conde Drácula), en una operación que resultaría cuanto menos efímera. No en vano, en los años cincuenta el afamado conde Vlad emigraría a territorio inglés, para ser «vampirizado» por Christopher Lee. El mismo año que la emblemática productora Hammer preparaba su particular versión de la inmortal novela del irlandés Stoker con Lee y el realizador Terence Fisher al frente del proyecto, Béla Lugosi fallecería por la ingestión de de barbitúricos, derivado de un declive físico y profesional que le habían llevado a subsistir en producciones de serie Z auspiciadas por el «genio» de Edward Wood Jr. A modo de consolación, su etapa final marcada por su adicción a las drogas y su relación con Wood serviría para «ilustrar» una de las piezas maestras del género de terror contemporáneo en clave cómica, Ed Wood (1994), en la que Martin Landau encarna con extraordinario acierto a un Béla Lugosi que parecía, en contraste con lo acontecido con Karloff, imposibilitado por desligarse de su personaje por excelencia, el genuino conde Drácula, del que a muy temprana edad, desde su Hungría natal, había conocido su particular leyenda.
   
     
intérprete  : 1959    Plan 9 from Outer Space
intérprete  : 1956    Bride of the Monster
intérprete  : 1956    The Black Sleep
intérprete  : 1953    Glen or Glenda
intérprete  : 1952    Bela Lugosi Meets a Brooklyn Gorilla
intérprete  : 1945    The Body Snatcher
intérprete  : 1945    Zombies on Broadway
intérprete  : 1944    The Return of the Vampire
intérprete  : 1943    Ghosts on the Loose   [ La casa encantada ]
intérprete  : 1942    The Ghost of Frankenstein
intérprete  : 1942    Night Monster   [ El monstruo nocturno ]
intérprete  : 1941    The Invisible Ghost
intérprete  : 1941    The Wolf Man   [ El lobo humano ]
intérprete  : 1940    Black Friday
intérprete  : 1939    Son of Frankenstein
intérprete  : 1939    The Gorilla
intérprete  : 1939    Ninotchka   [ Ninotchka ]
intérprete  : 1936    The Mystery of The Marie Celeste
intérprete  : 1936    The Invisible Ray   [ El rayo invisible ]
intérprete  : 1935    The Raven   [ El cuervo ]
intérprete  : 1935    Mark of the Vampire   [ La marca del vampiro ]
intérprete  : 1934    The Gift of Gab
intérprete  : 1934    The Black Cat   [ Satanás ]
intérprete  : 1932    Murders in the Morgue   [ Doble asesinato en la calle Morgue ]
intérprete  : 1932    White Zombie   [ La legión de los hombres sin alma ]
intérprete  : 1931    Dracula   [ Drácula ]
intérprete  : 1931    Women of All Nations   [ ¡Vaya mujeres! ]
intérprete  : 1930    Renegades   [ Hombre o diablo ]
intérprete  : 1930    Wild Company   [ Malas compañías ]
intérprete  : 1929    The Thirnteenth Chair
   
     
Comprar en fnac.es
   
Editorial: T&B Editores. 
Subtítulo: La vida de Béla Lugosi. 
Autor: Javier Cortijo.
Fecha de publicación: octubre de 2014.
248 pp. 17,0 x 24,0 cm. Rústica. Un pliego central en papel couché con 26 fotografías
en blanco y negro.

COMENTARIO (Por Àlex Aguilera): Jactarse a estas alturas de conocer la vida y milagros de Béla Lugosi, paradigma del vampiro eterno según la mayoría, es algo que no está al alcance de todos. Desafiando todo tipo de estereotipos habidos y por haber, el emigrante Lugosi nunca fue un personaje excesivamente conocido. Más allá de consideraciones reduccionistas y de escaso interés por parte del público enrocado en considerarlo un mero intérprete de un retazo de la historia del cine, la vida y obra de Lugosi va mucho más lejos que su intervención —lograda— en el Drácula, de 1931, filmado por el no menos estudiado Tod Browning. He aquí, pues, tras una pincelada en forma de libro en 1999, un profundo desglose, ampliado, de lo que sería una aproximación bastante fidedigna de lo que pudo ser su dramática existencia. Aún recuerdo como mi padre me hablaba de un tal Bela Blasko, en esencia Béla Lugosi, como de una presencia ya de por si extraña, irreal si se quiere matizar a consecuencia de su convulsa y enigmática vida, que porfiara con los estudios hasta conseguir ser el «rey de los vampiros» in eternum. Desde entonces, siempre sentí curiosidad por conocer más y mejor al hombre detrás de la capa. Al Blasko más que al Lugosi. Consideraciones aparte, su carrera se desarrolló mayoritariamente en los USA, con casi un centenar de intervenciones en otras tantas películas de corte fantástico-terrorífico en el mayor de los casos. Pues bien, Javier Cortijo, el autor de semejantes "profanaciones" en la obra y tumba del actor caído en desgracia muy pronto, ha hecho a lo largo de este siglo que acabamos de inaugurar, un auténtico trabajo digno del mejor periodismo de investigación. Buscando en las fuentes más cercanas al actor —su único hijo, Béla Lugosi, Jr. ha ayudado en este empeño personal; así como otros estudiosos norteamericanos sobre la figura del magyar— y (re)descubriendo sus antiguas cintas semiolvidadas por el tiempo, Cortijo ha sabido desgranar aquello fútil de lo más trascendente, dejando de lado el sentimentalismo para tratar de esclarecer lo que aconteció en la época en la que le toco vivir al pobre de Lugosi. Si nos remontamos a aquellos años treinta y cuarenta, comprenderemos mejor la dificultad con la que se labró un nombre —sin ser conocido en los Estados Unidos, no así en su Hungría natal— a base de intentar conocer los gustos del público, ávidos de sensaciones fuertes y morbosas. Como bien apunta Cortijo, Lugosi acabó siendo objeto de bufa y del aprovechamiento de sus contratantes; algunos de ellos, caso de Sam Katzman —un auténtico «hombre de la jungla» según el autor— empeñados en que actuara en sus películas, aún debiéndole dinero. Lugosi fue, de alguna manera, un títere en manos de incorregibles hombres de negocios, a los cuales sólo les importaba engrosar la taquilla con el reclamo de su nombre en la marquesina.
   Un punto importante del libro, de fácil y divertida lectura, es la de sabernos conocedores de los entresijos de la época y las posiciones contractuales de según qué firmas —caso de la despiadada Monogram—, adentrándonos sin querer en su manera de proceder. Ese punto a favor explica la difícil situación en la que se encontraba Lugosi, casi siempre disponible para interpretar cualquier bodrio que se le propusiese. Su contacto día a día con el alcohol y las drogas —en especial, la morfina— es un claro ejemplo de su azarosa existencia, marcada por su adicción y sus relaciones sentimentales —hasta cuatro esposas y numerosas amantes—, lejos de la gran pantalla, pero con la que tenía que convivir en los rodajes. Decrépito y enfermo fue rescatado, como bien relata Cortijo, por el errante Ed Wood en sus últimos años de vida —en los estertores de los cincuenta—, de forma obscena e inmisericorde, a beneficio totalmente propio. Un hecho luctuoso —se repescaron imágenes caseras filmadas por Wood para su esperpento Plan 9 From Outer Space (1959)—, plagado de  anécdotas —muchas de ellas infundadas— acabó por devaluar la carrera de todo un «caballero del séptimo arte». Con sus defectos —idiomáticos, si se quiere— y de compañías no convenientes, su vida se refleja de manera muy sincera por este volumen que nos enseña a amar mejor a nuestros ‘héroes del celuloide’, aquellos que nos han acompañado en el resurgir del séptimo arte a lo largo de los lustros. Una leyenda finisecular que, como se apunta en el prólogo, escapó a su propia caracterización de Drácula, reinventándose a sí mismo con personajes como Legendre o Ygor, e interactuando con otras "bestias" de la pantalla, como Boris Karloff, su principal ‘rival’, aunque finalmente, amigo.
   Cabe señalar, a modo de anécdota, que el prólogo corrió a cargo, antes de su óbito, de un singular y hegemónico hombre del cine fantástico patrio, Jacinto Molina, alias Paul Naschy. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, pero sus simbologías y que lo representaron parecen análogas, aunque en otros lugares y otros tiempos.•