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Tal como éramos
The Way We Were
     
    Director (es) : Sydney Pollack
    Año : 1973
    País (es) : USA
    Género : Drama
    Compañía productora : Rastar Productions para Columbia Pictures
    Productor (es) : Ray Stark
    Productor (es) asociado (s) : Richard Roth
    Compañía distribuidora : Columbia Films
    Guionista (s) : Arthur Laurents
    Guión basado en : la novela de Arthur Laurents
    Fotografía : Harry Stradling Jr en Eastmancolor
    Diseño de producción : Stephen Grimes
    Decorados : William Kiernan
    Vestuario : Dorothy Jeakins, Moss Mabry
    Maquillaje : Donald Cash Jr, Gary Liddiard
    Música : Marvin Hamlisch
    Montaje : Margaret Booth
    Sonido : Jack Solomon, Richard Portman
    Ayudante (s) de dirección : Howard Koch Jr, Jerry Ziesmer
    Duración : 118 mn
   
     
    Robert Redford
Barbra Streisand
Bradford Dillman
Patrick O'Neal
Lois Chiles
Viveca Lindfors
Allyn Ann McLerie
Murray Hamilton
Sally Kirkland
Diana Ewing
Marcia Mae Jones
Don Keefer
Eric Boles
Brenda Kelly
Barbara Peterson
Susan Blakely
George Gaynes
   
   
    Katie Morosy siempre tuvo unas ideas muy claras por lo que concierne a la política. Nadie la ha regalado nada, y prueba de ello es su carácter apasionado y emprendedor. Una noche, Katie acude a un bar en compañía de unos amigos. En este local se encuentra con un antiguo compañero de universidad, Hubbell Gardiner, que acaba de consumir una gran cantidad de alcohol. Katie le ofrece su casa y una vez instalados, pasa a rememorar su época de estudiante, a finales de los años treinta. Mientras Katie era una comprometida activista política que congeniaba con la doctrina comunista, al tiempo que trabajaba para costearse sus estudios, Hubbell se erigía en uno de los chicos más atractivos y populares del campus. Pero la única ambición de Hubbell era la de convertirse en escritor.
   
   
   

UNA MIRADA DESDE EL COMPROMISO
 
Por Joaquín Vallet Rodrigo
Desde sus primeras películas como director, Sydney Pollack adquirió un inmediato reconocimiento debido tanto a la densidad de sus obras como, sobre todo, por el compromiso ideológico que se podía observar, en primer término ,en la gran mayoría de ellas. Surgido del mundo de la pequeña pantalla, sin embargo Pollack no forma parte de la denominada «generación de la televisión» integrada por Sidney Lumet, Robert Mulligan y John Frankenheimer, entre otros, sino más bien de una inmeditamente posterior. Pollack trabajaría como director de diálogos de Los jóvenes salvajes (1961) de John Frankenheimer y con el tiempo se le valoraría más en la industria que éste y otros tantos miembros de la «generación de la televisión», acumulando un mayor número de éxitos populares debido a la astuta combinación entre las necesidades del público y sus propias intenciones personales que hace que sus films sean abiertos y directos, con poderoso contenido pero lo suficientemente dosificado como para lograr la inmersión de todo tipo de espectadores, algo que lo diferencia, sobremanera, de los cineastas citados, ya que el estilo de Pollack se aparta, conscientemente, del agrio pesimismo de Lumet, la capacidad onírica de Mulligan o el apego genérico de Frankenheimer.
   A lo largo de sus primeras películas, el posterior autor de Tootsie dejó claro que sus maneras cinematográficas discurrirían por los derroteros mencionados: la crítica al racismo en La vida vale más (1965), la exposición de una juventud desesperanzada en Propiedad condenada (1966), el choque con las autoridades dominantes en La fortaleza (1969) o la negrura de la condición humana en Danzad, danzad malditos (1969), quizá su obra maestra, conforman el espectro ideológico de Pollack, asentado en un posicionamiento que hace de la preocupación social y humana el elemento clave de sus raíces temáticas. Todo ello, como ya se ha mencionado, con una narración limpia, sin subterfugios ni delirios de vanguardia (tal vez con la excepción de La fortaleza, su título más singular), con la garantía de poderosos actores como cabezas de cartel y, en la mayoría de los casos, manteniendo un cierto apego a las exigencias populares del momento.
   Tal como éramos responde fielmente a estas premisas. La película avanza con un estilo narrativo pulcro y escrupuloso valiéndose de un flash-back inicial no como un elemento discordante en el conjunto sino como una referencia directa a los modos y maneras del clasicismo. Asimismo, la presencia de Barbra Streisand y Robert Redford se convierte, irremisiblemente, en lo más llamativo de la propuesta, así como un valioso seguro de cara a la taquilla. Por último, el film se inscribe en una cierta tendencia reinante en el primer lustro de los años setenta comúnmente denominada «retro» en la que se remitía a épocas pasadas desde un prisma evocador y, en ocasiones, con una intenciones inclinadas hacia el más desaforado homenaje.
   Pero vayamos por partes, Tal como éramos es, más que una historia de amor al uso, un repaso por parte de la política estadounidense durante tres lustros. En efecto, el film da comienzo sobre 1936 (se cita, de hecho, la Guerra Civil Española) con todo el panorama existente en Europa de fondo y donde las políticas de izquierda todavía no habían alcanzado el grado de malditismo al que serían relegadas por la sociedad estadounidense una década más tarde. Es, precisamente, en el clima irrespirable y desquiciado de la “caza de brujas” en su primera investigación acaecida en 1947 y aún criticada por un buen número de actores y cineastas (la película, de hecho, centra parte de su tercio final en la llegada de la delegación de Hollywood a Washington para las primeras vistas, donde se tomó la célebre fotografía con Humphrey Bogart y Lauren Bacall a la cabeza de la misma) donde la relación de la pareja protagonista y, por consiguiente, la película, pone el desencantado y, en cierta manera, amargo fin. La situación que nos expone Pollack es la de una generación que, debido a las circunstancias en las que se ve inmersa a lo largo de su juventud (la Segunda Guerra Mundial, sobretodo), envejece de forma prematura, blandiendo un escepticismo absoluto hacia todo lo que tenga que ver con los diferentes sistemas políticos (el personaje de Robert Redford) o una necesidad por identificarse con una ideología a la que se cree necesaria y salvadora (el de Barbra Streisand). Sin embargo, el tono de melancolía con el que el film está planteado (convenientemente matizado por la canción The Way We Were de Marvin Hamlisch, sin duda, una de las piezas más bellas que se hayan compuesto para una película) hace hincapié en la decepción de unos seres que han visto cómo los diferentes avatares y cambios políticos han dinamitado cualquier tipo de adecuación personal a los márgenes que condicionan la sociedad. Las constantes discusiones entre Redford y Streisand van, en efecto, por dicho camino ya que ambos, en el fondo, son plenamente conscientes de cuál es la realidad que les circunda (ya sea ésta un conflicto bélico iniciado por el fascismo en varios países europeos o el reflejo de dicho totalitarismo que acaecerá en Estados Unidos con la «caza de brujas»), con la diferencia de la estoica aceptación de uno y la negación al conformismo de la otra. Su historia de amor, en absoluto tópica y sí compleja y emocionante, se muestra, antetodo, bajo la profunda admiración que el personaje de Redford siente hacia la vehemente defensa de los ideales del de Streisand. El plano de su rostro mientras ve proyectado el discurso en el que se conocieron o la misma secuencia final muestran la sutil plasmación de un vínculo que va mucho más allá de una simple relación afectiva.
   Sydney Pollack, muy a pesar de desarrollar Tal como éramos a lo largo de los años treinta y cuarenta, está tratando, de forma subrepticia, la situación imperante en la Norteamérica de la década de los setenta. Un país inmerso en una guerra interminable y de claro rechazo popular (el conflicto de Vietman), motivada y potenciada por los sectores más reaccionarios de la política del país (que tiene su contrapunto en el film con el dolor de los personajes cuando se anuncia el fallecimiento de Roosevelt) y en el que la movilización social en contra del sinsentido bélico se considera una obligación moral (como bien puede constatar el último plano de la película). Una muestra más del flanco comprometido de un cineasta, adalid en muchos aspectos de su generación, que con Tal como éramos logró uno de sus éxitos más clamorosos y una de sus más brillantes obras.•
   
     
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Características DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Trailer de cine / Filmografías / Documental "Tal como éramos" / Entrevistas / Comentarios . Formato: Pal 2.35:1, 16:9. Idiomas: Castellano, Inglés e Italiano. Subtítulos: Castellano, Inglés, Italiano y Portugués. Duración: 114 mn. Distribuidora: Sony Pictures.

   
   
     
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THE WAY WE WERE (1973) 
                                      
Marvin Hamlisch
Columbia CK 57381, 1994. Duración: 44: 37. 
 
COMENTARIO (Por Christian Aguilera): En 2000 Barbra Joan Streisand, en esencia Barbra Streisand, anunciaba su despedía definitiva de los escenarios en directo —que luego no fue tal— con un espectáculo celebrado en el Central Park de Nueva York y en otras plazas del país. En las primeras filas se podía ver a Sydney Pollack, el realizador que contribuyó a la leyenda de la polifacética artista al darle el papel protagonista femenino de Tal como éramos, además de hacer que el tema homónimo que había grabado para un nuevo álbum fuera el leit motiv musical que acabaría por conquistar el corazón de los espectadores y, por ende, de los miembros de la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas.
   Todos los que estén mínimamente familiarizados con el cine de Sydney Pollack observarán la propensión del realizador judío a una vena romántica que le acompañaría hasta el final de sus días. Tal como éramos representa la quintaesencia del prisma con el que solía encarar las historias que llevaría a la gran pantalla. Muchos de esos resortes románticos que se adivinan en su cine tendrían una justa correspondencia con la elección de scores que buscaran un efecto multiplicador en este sentido, refugiándose, a menudo, en su querencia por ritmos jazzísticos (por ejemplo, La tapadera de Dave Grusin) o puras evocaciones paisajísticas y, a la par, de la sensibilidad humana (Memorias de África de John Barry como cumbre de este propósito). Con la contratación de Elmer Bernstein para la elaboración de la banda sonora de The Way We Were estas expectativas hubieran estado totalmente cubiertas, máxime cuando el compositor natural de Nueva York ya había colaborado con Pollack en Camino de la venganza (1968), mantenía una relación profesional con John Frankenheimer, el director que alentó la carrera tras las cámaras de Pollack, y se podía haber sentido identificado con el conflicto histórico —el maccarthismo— que plantea el film al haber sido represaliado durante la «caza de brujas». Un hecho que Bernstein confesaría al cabo del tiempo al rememorar sus años de ostracismo profesional en los albores de los 50. Pero, a pesar de todos estos condicionantes a favor, Pollack acabaría decantándose por Marvin Hamlisch (1944), quien había debutado en la gran pantalla con un film, El nadador (1968), en el que acabó interviniendo el realizador de Caprichos del destino. Pieza codiciada por coleccionistas, que ha merecido una edición en CD a cargo de FSM hace unos meses, el score de The Swimmer ayudó a decantar el fiel de la balanza a favor de su autor para la concreción de una banda sonora que reportaría a Hamlisch un Oscar a la mejor adaptación, amén del de composición a la mejor canción —junto a Alan y Marilyn Bergman— que da título al film. Pollack tomaría el relevo en la dirección a Frank Perry, a instancias de Burt Lancaster, descontendo con el resultado hasta entonces de esta adaptación sui generis de la historia alegórica de John Cheever. De ahí que el propio Pollack tuviera cierto peso a la hora del montaje del film, marcando los espacios donde debía sonar la música escrita por un neófito Hamlisch en esta lides. Recorrida por una formulación jazzística en algunos de sus pasajes del agrado de Pollack, The Swimmer presenta otros bloques de evocación romántica, inclusive bucólica, que tendrían su traslación en la historia que compromete a un joven idealista (Robert Redford) que se reencuentra con una antigua compañera (Streisand) en los años del maccarthismo. Con una aún corta experiencia en el mundo del cine y que, en nada presagiaba su pronta asimilación en la primera división —Locos de abril (1969) y Move! (1970) para Stuart Rosenberg, o Toma el dinero y corre (1969) y Bananas (1971) para Woody Allen sería el grueso de su aportación hasta entonces—, Marvin Hamlisch aprovechó su oportunidad, subordinándose a la melodía de una canción que él mismo había contribuido a crear. A lo largo del film podemos escuchar la música incidental escrita por Hamlisch, que va desgranando las notas de un tema principal que adquiere un peso determinante en la parte final —aquella en la que se concentran los sentimientos relativos a la nostalgia, a la evocación de un tiempo pasado observado desde una perspectiva idealizada— y que se dimensiona en los títulos de crédito. La fórmula a la que se había recurrido en su día con la canción Mrs. Robinson de Simon & Garfunkel para El graduado (1967), volvía a cobrar cuerpo en Tal como éramos, que situaría en el punto de mira de la Industria a Marvin Hamlisch al obtener, además de sendos Oscar por este film, un tercero por su adaptación de la música de ragtime de Scott Joplin para El golpe (1973). Si para Pollack, Robert Redford podría evaluarse como su actor fetiche, asimismo lo sería para Hamlisch, a partir de entonces encomendado a distintas tareas —las de orquestador, arreglista, adaptador y compositor para todo tipo de disciplinas artísticas— pero sin ninguna banda sonora que pasase a los anales de la historia. Lo más próximo a ello sería The Way We Were, aunque la presencia vocal de Barbra Streisand le relegaría a un segundo lugar, como en una de sus últimas colaboraciones con la gran dama de la música norteamericana, en El amor tiene dos caras (1996).
   A modo de coda, debemos hacernos eco de la confusión que puede derivarse que en la discografía oficial de Barbra Streisand aparezcan dos álbumes con idéntico nombre y editados el mismo año, 1974. En el que se recoge por entero la banda sonora original, existen diversas versiones de The Way We Were —la música incidental y la cantada que se escucha en los créditos iniciales— mientras que el que salió casi al mismo tiempo, se nutre de otras canciones de la artista judía, como All in Love Is Fair o What Are You Doing the Rest Your Life?, generalmente incluídas en antologías a mayor gloria, para el que esto suscribe, de una de las grandes voces de la música contemporánea.•
   
       
   

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