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Un corazón en invierno
Un coeur en hiver
     
    Director (es) : Claude Sautet
    Año : 1993
    País (es) : FRA
    Género : Drama
    Compañía productora : Orly Films/D. A. Films /France 3 Cinéma
    Productor (es) : Philippe Carcassonne, Jean-Louis Livi
    Productor (es) ejecutivo (s) : Gérard Gaultier
    Guionista (s) : Claude Sautet, Jacques Fieschi, Jérôme Tonnerre
    Fotografía : Yves Angelo, en color
    Diseño de producción : Christian Marti
    Director (es) artistico (s) : Christian Marti
    Decorados : Frédérique Belvaux
    Vestuario : Corinne Jorry
    Maquillaje : Thi-Loan Nguyen
    Montaje : Jacqueline Thiédot
    Montaje de sonido : Marie-Thérèse Boiché
    Sonido : Pierre Lenoir
    Ayudante (s) de dirección : Yvon Rouvé
    Duración : 105 mn
   
     
    Emmanuelle Béart
Daniel Auteuil
André Dussolier
Brigitte Catillon
Myriam Boyer
Stanislas Carré de Malberg
Maurice Garrel
Luben Yordanoff
Nanou Garcia
Jefffrey Grice
Anne Macina
   
   
    Stéphane es un luthier ocupado en una sociedad perfecta junto a Maxime, el rstro de su pequeña empresa de artesanía dedicada al a fabricación y arraglo de instrumentos de cuerda. Cuando este, extrovertido y mundano, comience una relación con la violinista Camille algo cambirá entre ambos, debido a la progresiva fascinación que la joven siente por el primero de los amigos. Un complicado triángulo sentimental que, de manera ssigilosa, sacudirá la existencia ausente de emociones aparentes de Stéphane.
   
   
   

LA NEGACIÓN DEL ROMANCE
 
Por Adrián Sánchez
Uno puede hacer una prueba muy sencilla para detectar la verdadera naturaleza dislocada de Un corazón en invierno: imaginar a todos sus protagonistas vestidos de época, entre salones suntuosos y clases de violín para música de cámara. Sacados del contexto urbanita que hace pasar sus neurosis por contemporáneas, el film de Claude Sautet revela su doblez, el revés de la trama; Es un cuento galante enmascarado de vaivén contemporáneo. Y con ello se vuelve una film mucho más sugestivo, más comprensible incluso.
Stephane (Emmanuel Béart), el enigmático y hermético carácter creado por Daniel Auteuil en otra gran pieza minimalista, no es, como el mismo dice, una víctima de traumas, un personaje de melodrama desgastado. Es una especie de buscador, parte hombre sin atributos, parte demiurgo de una historia donde todos saldrán mal parados.  Su obra, casi un morality play donde la enseñanza se imparte en negativo: no es la construcción de una historia de amor, sino la negación de una historia de amor como demostración de que estas todavía pueden vivirse con una intensidad desusada dentro del contexto de la contemporaneidad. Incluso más, dentro de la posmodernidad cinematográfica, aquí entra Claude Sautet a modo de coautor, y existencial. Lo sublime alcanzado en base a la renuncia. Una postura distante perfectamente complementada por la severidad del director, que nunca se permite interferir a favor de uno u otro personaje. Una huida de la obviedad que se refrendada por el carácter de elogio a la artesanía que atraviesa subterráneamente la cinta, una sutil reivindicación del trabajo secreto del “hacedor”.
Junto a esta característica oculta el mayor interés del film radica en la manera en la cual amolda la música tanto a la ordenación de la narración (ritmo y gradación de las escenas) como a las relaciones de los personajes, organizadas a modo de piezas musicales donde cada cual interpreta la parte de un instrumento. No es casual que por sistema el film se desarrolle mediante escenas a dúo o trío, donde los personajes se complementan (Stéphane explicita varias veces que él y Maxime no son amigos, sino complementarios, dos instrumentos que solo suenan a la perfección cuando tocan juntos. En un momento clave, un giro de la historia que intercambia las posiciones de los participantes Stéphane gana a Maxime jugando al squash, cuando al principio del film nos cuenta en off como encuentra satisfacción en perder. El equilibrio delicado se rompe y la necesidad de un nuevo equilibrio se hace dolorosa) a partir de una melodía que se repite en distintas variaciones. De igual modo toda la macrohistoria de amor imposible creada al alimón por Stéphane y Sauten en global otras microhistorias sentimentales que son reflejo y, de nuevo, variación con respecto a esta. Todas ellas estructuradas en parejas, con relaciones diferentes entre ellos pero repletas de rasgos comunes las unas a las otras, a veces siendo distorsiones, a veces imágenes futuras, en cualquier caso una melodía reconocible.
   Cabe señalar con respecto a este valor musical, que va mucho más allá de la representación superficial del arte de tocar o incluso de los valores metafóricos que pueda tener, y tiene, hasta convertirse en la columna vertebral de la construcción íntima del relato, aparecía también en la prácticamente contemporánea Todas las mañanas del mundo (1991), una obra de mayor intensidad que esta, firmada por el gran Alain Corneau según un ascetismo visual menos plano que el de Sautet. Pero también el propio Calude sautet atacará una variación de Un corazón en invierno pocos años después con Nelly y el señor Arnaud (1995) un film donde la cualidad musical estaba integrada de modo extraordinariamente sofisticado, prescindiendo directamente de cualquier simbolismo directo del objeto (los violines y su fabricación en la película presente son al tiempo objeto y sujeto que encarna el carácter de los protagonistas: Stéphane es un constructor, Maxime es un vendedor, Camille una intérprete) y diluyéndose en la sangre de la historia, como un elemento natural de la misma.•
   
     
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Características DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas. Formato: 1:85:1, 16:9. Idiomas:  Castellano y Francés. Subtítulos: Castellano. Duración: 105 mn. Distribuidora: Karma Films. Fecha de lanzamiento: 28 de marzo de 2012.

   
       
   

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