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David Mamet
     



 
  Fecha y lugar de nacimiento :
30 de noviembre de 1947, en Chicago, Illinois (Estados Unidos).
  Actividades previas :
un año después de que su madre se divorcie y se case por segunda vez, despierta su curiosidad por el mundo de la escena al entrar a formar parte del equipo artístico del Hull House Theatre; interrumpe sus estudios en el Goddard College, en Vermont, para estudiar interpretación en la Neighborhood Playhouse, en Nueva York, bajo la tutela de Sanford Meisner; al cabo de un curso retorna al Goddard College y empieza a escribir diversas obras teatrales; después de licenciarse en el Goddard College (1969) realiza diversos trabajos temporales como transportista, marinero y vendedor de alfombras; funda la compañía teatral St. Nicholas (1972); al mismo tiempo escribe la obra Sexual Perversity in Chicago, que obtiene el primer premio (el Jefferson Award a la mejor obra representada en Chicago ) de los numerosos que recibirá en su prolífica carrera como escritor y guionista, labor que compagina con la dirección de largometrajes desde 1987.
  Otras actividades :
guionista y actor.
  Premios :
Nominado al Oscar al Mejor Guión Adaptado por Veredicto final (1982) y por La cortina de humo (1997); Premio Pulitzer por la obra teatral Glengarry Glen Ross (1984).
  Otros datos :
casado y divorciado de la actriz Lindsay Crouse (1976-1990)(hijas: Willa y Zosia); casado con la actriz y cantautora Rebecca Pidgeon (1991)(hija: Clara); vive en una granja-hogar en Vermont; cofundador, junto a William H. Macy, de la Atlantic Theatre Company de Nueva York (1985).
     
    Reputado autor teatral de los escenarios del off-Broadway, David Mamet ha sabido conjugar una doble actividad cinematográfica como guionista y guionista-director con similar aceptación, un aspecto ciertamente infrecuente. En orden correlativo, Mamet ha ido acumulando un prestigio como guionista al servicio de directores de la talla de Sidney Lumet (Veredicto final), Brian De Palma (Los intocables de Elliot Ness) o Bob Rafelson (El cartero siempre llama dos veces), que le ha posibilitado enfrentarse a la realización desde el convencimiento que uno de los pilares fundamentales para la confección de un film estaba perfectamente asentado. La media docena de títulos que ha confeccionado hasta la fecha nos sirve para aproximarnos a un cineasta que no tan sólo se vale de la precisión de los diálogos, sino que investiga en el terreno visual, adecuando la puesta en escena en función de las necesidades de cada film. Lógicamente, los temas a tratar pertenecen al propio universo autoral de David Mamet, planteados como un peculiar pulsoentre realidad y apariencia. Su conocimiento de primera mano de las partidas de póker le ofrecía la posibilidad de plasmar esta dicotomía consustancial a la naturaleza humana en sus primeros films, Casa de juegos y Las cosas cambian. Mamet dibuja personajes de una mayor complejidad de la que aparentan, en los que conviven sentimientos contradictorios y ambiguos. Homicidio ratificaría esta forma de abordar las historias, en esta ocasión, a través del retrato de un policía de origen judío (Joe Mantegna, su actor de referencia) envuelto en un doble conflicto, moral y físico. Con la excepción de Oleanna —ejercicio de teatro filmado al servicio del lucimiento de William H. Macy (su antiguo alumno de arte dramático en la compañía de St. Nicholas) en una crónica sobre la supuesta violación de una estudiante—, Mamet ha seguido abordando historias con ciertas similitudes con su vasta obra teatral. Esta voluntad por querer trazar una línea paralela o complementaria entre el teatro y el cine ha propiciado una cada vez mayor atención por parte de la crítica internacional. No obstante, Mamet ha procurado distintos modelos a seguir para sus trabajos cinematográficos. Así, Mamet estructura La trama siguiendo los postulados de la obra de Hitchock —no faltan las referencias al McGuffin— y El caso Winslowremake de Pleito de honor (1948), asimismo basada en una pieza teatral de Sir Terence Rattigan— se sirve de un hecho anecdótico acaecido en Inglaterra a principios del siglo XX para plantear una reflexión sobre el poder la justifica y la necesidad de defender los derechos individuales. Aspectos ya tratados en su faceta como guionista —Veredicto final— y que ayudan a perfilar el retrato de uno de los más lúcidos dramaturgos de nuestros tiempos que ha sabido labrarse un creciente crédito en labores de director-guionista.
   
     
director y guionista  : 2008    Redbelt   [ Cinturón rojo ]
guionista  : 2005    Edmond   [ Edmond ]
director y guionista  : 2004    Spartan   [ Spartan ]
guionista  : 2001    Lakeboat
director y guionista  : 2001    Heist   [ El último golpe ]
guionista  : 2001    Hannibal   [ Hannibal ]
director y guionista  : 1999    The Winslow Boy   [ El caso Winslow ]
director y guionista  : 1999    State and Main   [ State and Main ]
director y guionista  : 1998    The Spanish Prisoner   [ La trama ]
guionista  : 1998    Ronin   [ Ronin ]
guionista  : 1997    Wag the Dog   [ Cortina de humo ]
guionista  : 1997    The Edge   [ El desafío ]
guionista  : 1996    American Buffalo   [ American Buffalo ]
director y guionista y argumentista  : 1994    Oleanna   [ Oleanna ]
guionista  : 1994    Vanya on 42nd Street   [ Vanya en la calle 42 ]
argumentista  : 1992    Glengarry Glen Ross   [ Glengarry Glen Ross / Éxito a cualquier precio ]
guionista  : 1992    Hoffa   [ Hoffa, pulso al poder ]
director y guionista  : 1991    Homicide   [ Homicidio ]
guionista  : 1989    We're No Angels   [ Nunca fuimos ángeles ]
director y guionista  : 1988    Things Change   [ Las cosas cambian ]
director y argumentista y/o guionista  : 1987    House of Games   [ Casa de juegos ]
intérprete  : 1987    Black Widow   [ El caso de la viuda negra ]
guionista  : 1987    The Untouchables   [ Los intocables de Elliot Ness ]
argumentista  : 1986    About Last Night...
guionista  : 1982    The Verdict   [ Veredicto final ]
guionista  : 1981    The Postman Always Rings Twice   [ El cartero siempre llama dos veces ]
   
     
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Subtítulo: La desvelada naturaleza de la verdad.
Editorial: AKAL.
Colección: Cine.
Autors: Nacho Cagiga.
Fecha de publicación: octubre de 2007.
144 pp. 14,5 x 21,0 cm. Rústica.
 
COMENTARIO (Por Jordi Busquí): David Mamet es un escritor bastante prolífico, que ocupa un lugar destacado dentro del panorama teatral norteamericano, haciendo acopio de un lenguaje caústico, incisivo, rico, variado, grandioso y, en ocasiones, obsceno, con pequeños arranques de elocuencia. Autor multidisciplinar —director teatral, de producciones radiofonicas, guionista para televisión, ensayista, autor de libros de poesía para niños, de narrativa, de literatura infantil, etc.—, en los últimos tiempos Mamet ha creado y producido una serie de televisión, The Unit, emita en un canal privado de nuestro país. En el apartado de reconocimientos, el artista de origen judío tiene en su haber un premio Pulitzer, ha sido nominado al Oscar en dos ocasiones como guionista. A pesar de todo este bagaje lo que interesa en el libro de Nacho Cagiga es la relacion de éste con el mundo del celuloide en sus vertientes como guionista y realizador, desde sus primeros contactos con el medio a principios de los ochenta con la escritura del guión del film de Bob Rafelson El cartero siempre llama dos veces (1981). Seis años después debuta como guionista-director con Casa de juegos (1987). Spartan (2004) sería el último film de Mamet estrenado entre nosotros, como la totalidad de sus nueve producciones que ha dirigido, inclusive Oleanna (1994), distribuida con retraso y en círculos minoritarios.
Joe Mantegna y Lindsay Crouse, ex esposa del director, en Casa de juegos, el sorprendente debut de Mamet   El cine de Mamet ha ido de más a menos en intensidad autoral,después de esa gran pelicula que es Casa del juego parece como si se fuera perdiendo interés su cine, sus ultimos films podrian venir firmados por cualquier director. Con ello no quiero decir que el resto de su filmografía sea despreciable, pues hay buenas peliculas, pero lo que gana en sobriedad formal de movimientos de cámara, guiones mas acomodados al Sistema lo pierde en frescura de sus primeras películas Mamet. Indudablement él es un hombre de teatro: por eso cuida el texto, la estructura, los diálogos incisivos, los personajes y sobre todo los actores. En cierta medida, el cine representa para Mamet o una extensión de su actividad teatral.
   El libro de Nacho Cagiga, David Mamet: la desvelada naturaleza de la verdad, se divide en tres capítulos. El primero de éstos representa una declaración de principios del autor a Mamet, a quien se le suele reconocer como un buen guionista pero no así como un director de categoría. El libro intenta descubrinos un autor «total» que no establece diferencias entre su labor de guionista o la de director. Asimismo, Cagiga nos propone un recorrido por las costantes del autor. Más que desentrañar el hilo argumental de sus películas esta monografía se centra en el analisis de sus temas, de los significados de las doble lecturas que ofrecen sus imágenes, de esos personajes pícaros, timadores, con una doble moral que pueblan el cine de Mamet, así como su relacion con Hollywood. A los ojos de Cagiga, Mamet no deja de ser un outsider dentro del Sistema, para quien evidencia la influencia del teatro en su cine, de Alfred Hichtcock o de Orson Welles, del género negro clásico —casi todos sus películas trascurren en tiempo actual—. Otros elementos de análisis son la violencia y ironía, las relaciones entre ficción-realidad, verdad-mentira y su identidad judía.
   El autor del libro define a Mamet como perteneciente a una cierta intelectualidad de izquierdas, asociada a una política liberal progresista, con una ideologia asentada en los valores democráticos. Para Mamet, cualquier sistema de gobierno termina por estropearse: junta a dos personas poderosas y empezarán a mentirse, traicionarse, robarse,y lllegarian incluso a matarse. La visión de la clase obrera está muy presente en sus films; se muestra muy crítico con el imperialismo colonial norteamericano, las relaciones de los hombres y de las mujeres, el sexo, la vida planteada como un juego, el azar y la aventura permiten salir de la motonía, la gente es engañada solo si se le permite confianza.
   Con esa misma confianza esperamos sus nuevos proyectos, ya que Mamet continúa en activo a sus cincuenta y siete años. Mientras tanto sirvan estos apuntes para despertar el interés por leer sobre el cine de este gran autor que es David Mamet en la que es la primera monografía publicada en España sobre el director de El caso Winslow.•
Editorial: Alba.
Colección: Fuera de campo nº 8.
Autor: David Mamet.
Fecha de publicación: marzo de 2008.
256 pp. 15,0 x 21,5 cm. Rústica. Incluye  Apéndice
películas citadas e índice onomástico y analítico.

COMENTARIO (Por Christian Aguilera): En forma de complemento del libro Conversaciones con David Mamet (2005) —una lúcida reflexión sobre el cine y la vida a través de una serie de entrevistas en torno al cineasta de origen judío—, la Editorial Alba, dentro de su colección de ensayos titulada Fuera de campo acaba de publicar Bambi contra Godzilla. Quienes ya se habían acercado a esta personalidad poliédrica, con un permanente discurso transgresor, nada inmovilista y con ánimos de generar debate, el presente ensayo poco les sorprenderá. Es una obra que lleva el sello implícito de David Mamet, sin voluntad de sentar cátedra sobre asuntos/interioridades del mundo del cine que bien conoce desde que su libreto de El cartero siempre llamado dos veces (1981) le valió de salvoconducto para involucrarse en posteriores proyectos. Sin seguir una estructura que invite a la ortodoxia, Mamet detalla las imperfecciones de un (neo)sistema de Estudios en el que prima el valor del dinero por encima de la calidad de los guiones, al albur de funcionarios y/o becarios que tratan de ganarse el respeto con la intención de aspirar a un puesto en la cúpula directiva con juicios que siguen al detalle unos cánones muy ligados a los gustos populares de un espectador medio mayoritariamente adolescente.
    En Bambi contra Godzilla Mamet resigue la «cadena trófica» de esta jungla poblada de ejecutivos carentes de cualquier criterio; un mundo de «depredadores» que evalúan el estado de las cosas a golpe de calculadora, ninguneando a los guionistas, colectivo al que pertenece el propio autor norteamericano. De sus vivencias personales/profesionales se desprende un pertinaz rencor, dejando que su mordacidad le lleve a equiparar a los guionistas con auténticos «delincuentes» culturales, vagos y causantes de no pocos quebraderos de cabeza a los ojos de los productores de turno. Con un subtítulo que puede conducir a equívoco por la ampulosidad del mismo —«Finalidad, práctica y naturaleza de la industria del cine»—, este ensayo, sin embargo, tiene un sentido poco riguroso en su estructura y en su definición. Son las anécdotas, los múltiples ejemplos de una cinefilia galopante las que llevan a flote un discurso cinematográfico que rezuma entusiasmo en su exposición. Capítulos cortos, algunos casi telegráficos, ordenados de una forma un tanto aleatoria, recorren este ensayo que destila una devoción casi absoluta por un cine clásico del que surgen numerosos ejemplos de óptima construcción de guiones —su conocimiento de la obra de Preston Sturges es abrumadora—, los fundamentos en los que debe asentarse una obra fílmica con voluntad de jugar en la primera categoría. En su prospección por un itinerario recorrido por el cine clásico, Mamet descuida un tanto su propia obra fílmica, a la que apenas se acerca (hubiera sido interesante el detalle de lo que ocurrió con algunos proyectos en los que se involucró y salió un tanto escaldado: léase Ronin o El desafío), dejando que hablen otras producciones que mejor sintetizan el valor de lo ideal, de «paradigma» a lo largo de la historia del Séptimo Arte. Sin dejar de perder de vista el discurso crítico que plantea Mamet, Bambi contra Gozdilla se lee con agrado por la pasión y el ritmo que imprime a sus palabras el realizador y guionista de Casa de juegos. De éstas trasciende, en primer línea, el carácter «cinéfago» de Mamet, un «devorador de películas» que le aleja del retrato de intelectual judío enrrocado en un universo artístico —propio y ajeno— y lo hace más familiar, asequible a efectos de un aficionado curioso e inquieto por conocer algo más sobre el responsable de algunos de los guiones más sólidos del cine contemporáneo norteamericano —la mencionada El cartero siempre llama dos veces, tercera de las adaptaciones nacidas de la novela homónima de James M. Cain, Veredicto final (1982), Éxito a cualquier precio (1992), etc.—. Una personalidad rica capaz de ofrecer gemas en forma de frases que no tan sólo son patrimonio exclusivo de sus libretos u obras de teatro sino también de ensayos de este calado. Baste un ejemplo extraído del inicio del capítulo Conclusión: no se ha acabado hasta que se haya acabado: «Stanislawski dijo que los últimos noventa segundos son los más importantes de una obra. La sabiduría popular de Hollywood la expresa de la siguiente manera: da un giro en los últimos dos minutos, y vivirás muy bien. Da otro giro en los últimos diez segundos y podrás comprarte una casa en Bel Air».  Sentencias teñidas de un aliento de genialidad que difícilmente podemos dar con ellas en un texto académico versado en el guión cinematográfico.•

Editorial: Alba.
Colección: Cine.
Autor: Leslie Kane (editor).
Fecha de publicación: 2005.
320 pp. 15,0 x 21,5 cm. Tapa blanda.

COMENTARIO (Por Christian Aguilera): Existen pocas figuras en el contexto del auidovisual actual que puedan ser evaluadas como personas propias del «renacimiento». David Mamet lleva camino de conseguirlo si no lo ha hecho ya porque posee una gama de registros artísticos que escapan a los estándarts creativos. De esa variedad de sinergias en las que se ve envuelto a diario Mamet nos da una buena prueba Conversaciones con David Mamet, integrada dentro de la excelente colección de títulos sobre la base de entrevistas con directores que ha ido publicando la Editorial Alba en los últimos años. Tan sólo cabe echar una ojeada a la coda Obras de Mamet para darse cuenta de la dimensión artística del personaje en cuestión, capaz de pasar de la experiencia de dramaturgo a la de director, guionista, ensayista o escritor de cuentos en una misma temporada. Bien es sabido que el prestigio de Mamet se lo ha labrado en el campo de la dramaturgia (American Buffalo, Glengarry Glenn Ross, etc.), confeccionando libretos que abrieron nuevas posibilidades a un teatro anclado en los formulismos de antaño, aportando una voz propia sobre taimados estafadores, maleantes y gente que dinamita el concepto de american way of life a cada paso en su vida. A través de esta serie de entrevistas recopiladas con el devenir de los años queda perfectamente expuesto que Mamet hubiera gozado de cierta «inmunidad crítica» de haberse ceñido en exclusiva al mundo de los escenarios. Al hilo de una anécdota que Mamet explica sobre el guión de Veredicto final (1982) ,que tan sólo la entrada en el proyecto de Sidney Lumet le libró de de que su adaptación del libro de Barry Reed quedara arrinconada per se (siguiendo idéntico destino, por ejemplo, que versiones inéditas de Lolita y El doctor Jekyll y Mr. Hyde), Barbara Shulgausser en el capítulo Embaucadores y charlatanes llega a la siguiente conclusión: «La diferencia entre el cine y el teatro, en lo que se refiere a los escritores, es la diferencia entre un medio que valora al escritor y otro que subestima al escritor» para acabar interrogándole cómo encaja un dramaturgo en este contexto cinematográfico. El pluridisciplinar artista judío echa mano de un símil referido a un juego que bien conoce, el póker, para ofrecer una respuesta convincente: «El jugador de póker tiene que entender las reglas del juego y el escritor tiene que entender la esencia del medio si puede— porque cada uno es muy, muy distinto». Reflexiones de este tipo, canalizadas sobre una base del conocimiento mundano, son frecuentes a lo largo del libro, restando fuerza la imagen que se suele tener de Mamet de intelectual parapetado en un universo propio. La realidad deviene menos satisfactoria para un artista como el de Illinois, que en su particular inmersión cinematográfica ha sido víctima de todo tipo de asuntos sucios, uno de los más significativos el que relata en torno a la adaptación a la gran pantalla que él mismo hizo de su texto Sexual Perversity in Chicago —jaleado por la crítica y el público en su momento— y que se acabó estrenando con el título About Last Night... (1986) con otro guión. Mamet ni siquiera llegó a verla para ahorrarse un considerable disgusto. Razones de peso suficientes para que, como tantos otros, Mamet decidiera hacerse director de cine a partir de Casa de juegos (1987). Desde su ópera prima hasta El caso Winslow (1999), a partir de un texto escrito por Terence Rattigan que ya había conocido una anterior versión cinematográfica, esta monografía editada por Leslie Kane recoge las declaraciones/reflexiones de Mamet sobre su propia obra fílmica, filtrando en ocasiones aspectos de su quehacer diario, que compagina con una febril actividad de escritura, y una práctica religiosa que lo aleja de los parámetros de la ortodoxia judía. Aún así, ese seguimiento en forma de declaraciones de cariz personal no garantiza que Mamet deje explicado la ruptura sentimental con la actriz Lindsay Crouse (el recambio llegaría pronto: Rebecca Pidgeon, presente en el reparto de buena parte de sus films), con quien compartiría, amén de una vida conyugal en Vermont, la redacción del cuento infantil The Owl, A Story for children (1987, Kipling Press, NY). Una muestra infinitesimal de la capacidad de trabajo de Mamet en tantos frentes que hablan por sí solo de un talento singular que todavía no parece haber puesto límites a su poder creativo.•