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Existe un denominador común en la práctica totalidad de las películas en las que Ed Harris ha intervenido: la convicción y la credibilidad con la que se enfrenta a papeles, a priori, disímiles, diríase, en algunos casos, antagónicos, prescindiendo de la relevancia y de la extensión de los mismos. Sin duda, Ed Harris se ha revelado como un actor de una mirada magnética, penetrante, capaz de trascender una dimensión dramática a sus personajes, inspirando ternura y temor, odio y atracción al mismo tiempo. Unas características inherentes a su personalidad como intérprete que no aflorarían en toda su extensión hasta mediados los años noventa, el punto de inflexión de una trayectoria que había sido errática, pero con algún nexo en común por lo que concierne a su ubicación en propuestas cinematográficas de trasfondo crítico en relación a un modelo de sociedad tanto rural —En algún lugar del corazón, Alamo Bay, Paris Trout, Dulces sueños— como urbana —Éxito a cualquier precio—, a modo de estudio realista de unos individuos que transitan entre la desesperanza y la necesidad de reivindicarse como tales. Amén de esta voluntad por evidenciar un espíritu comprometido, Ed Harris se procuraría una intermitente relación con algunas de las numerosas adaptaciones para la pequeña y la gran pantalla de la extensa obra literaria de Stephen King que se sucederían en los ochenta y los noventa (Creepshow, La tienda y la miniserie televisiva The Stand), a quien había conocido durante el rodaje de Los caballeros de las motos, una de las primeras apariciones del actor de New Jersey en el celuloide. Pero a raíz de su presencia en Apolo 13 como el jefe de control de Houston, la base de comunicaciones interespaciales de la NASA, la percepción de los aficionados en torno a la figura de Ed Harris sufriría un ostensible cambio, situándolo dentro de la nómina de actores secundarios —o cuanto menos, presentes en títulos de clara vocación coral (Éxito a cualquier precio, Walker, Elegidos para la gloria, Nixon)— capaces de compartir protagonismo con la partnaire de turno —Sally Field en Ojo por ojo; Meryl Streep en Stepmom o Marcia Gay Harden en Pollock—. Pero la película, que se presumía como el definitivo encumbramiento actoral de Ed Harris en el rol del pintor vanguardista Jackson Pollock —que él mismo dirigió y produjo—, apenas obtuvo distribución internacional y se reveló como un discreto fracaso comercial, a pesar de haber obtenido una doble nominación en el apartado interpretativo. Una tentativa frustrada que le ha llevado a seguir mostrándose en un segundo plano, pero este hecho no impide que las escenas (a menudo, aisladas) en las que participa, su presencia siga transmitiendo una extraordinaria fuerza, un magnestismo especial —a modo de ejemplo, el Major König, destacado mando de la SS, en Enemigo a las puertas, el visionario director de un programa de televisión en El show de Truman, o Virgil Cole en el western Appaloosa, su segunda incursión tras las cámaras—, tan sólo al alcance del temperamento de intérpretes de la talla de Gene Hackman, John Hurt o Robert Duvall. |