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EL LIBRO DEL MES: «JOSEPH LOSEY» |
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Colección: Signo e Imagen / Cineastas nº 83.
Autor: Joaquín Vallet Rodrigo.
Joseph Losey fue un cineasta de una gran personalidad, que en los años 60 y principios de los 70 se le consideró uno de los autores de referencia en el panorama cinematográfico mundial, premiado en los mas importantes festivales europeos, con algunos éxitos de taquilla en su haber, estudios de su obra y venerado por las revistas especializadas, sobre todo las francesas. Hoy casi olvidado por el público —prueba de ello, la ausencia de escritos en torno al cumplimiento de su centenario el año pasado— e ingnorado por la plana mayor de los analistas cinematográficos (en especial por gran parte de la critica española, quizás debido a lo mal estrenados de algunos de sus films más reveladores de su talento como El merodeador o Rey y patria, cuando no inéditos caso de M o The Big Night) hasta hace poco solo se había registrado un libro publicado en castellano, Conversaciones con Joseph Losey (1971) que abordara al cineasta norteamericano.
La reputación de cineasta «maldito» de Losey viene avalada por algún que otro film «destruido» por los productores como Eva (1962), la firma de varios films bajo seudónimo y/o rodados en régimen de semiclandestinidad —Imbarco a mezzanotte (1952), El tigre dormido (1954) e Intimidad con un extraño (1955)—, pero sobre todo merced a su exilio europeo por culpa del senador MacCarthy y el Comité de Actividades Antiamericanas que éste presidía, acusándolo de favorecer de filocomunista.
En términos generales, Losey se puede considerar un humanista de ideología marxista, pero reacio a una izquierda más radical, influenciado por una educación puritana que descubrió en el teatro y la radio una forma de expresión donde poder desarrollar todo su potencial
creativo y sus ideas políticas. Sus ocupaciones escénicas le llevaron a debutar en el cine bastante tarde, ya cumplidos los cuarenta años. En esta primera época utilizaría el cine negro como alegoría para criticar la sociedad americana. Impelido a declarar ante el Comité de Actividades Antiamericanas, por su afiliación en el partido comunista norteamericano, decide exiliarse a Europa manteniendo su compromiso ideológico, e iniciando una nueva etapa en su filmografía. Salvo ese fondo crítico, las películas del periplo inglés guardarán poca o nula relación con el cine que Losey había rodado al otro lado del Atlántico. Al respecto, resulta curioso como un norteamericano marxista entendía incluso mejor el sistema de clases y la jerarquía inglesa que sus coetáneos del free cínema. La necesidad de adaptar su estilo a una visión más profunda de la complejidad del individuo y de sus problemas le conducen a comprender que no basta con denunciar las injusticias de la sociedad sino que debe hacer reflexionar al público desde el entretenimiento. Así pues, elabora películas duras y de un pesimismo absoluto, en especial cuando colabora con el escritor Harold Pinter en El sirviente (1963), Accidente (1967) y El mensajero (1970), todas ellas adaptaciones de novelas de cierto prestigio. En los últimos años de su carrera profesional y vital Losey rodaría en diferentes países como México, España y Francia, en un periodo bastante discutible a todos los niveles. El cine de Losey se ha caracterizado por tratar temas delicados, como las jerarquización de la sociedad, la critica al sistema, el antibelicismo, los derechos humanos, las relaciones personales, el racismo, la relaciones de cariz masoquista por lo que respecta a distintos estrados sociales, y en definitiva, interpretando la vida siempre en términos individuales nunca colectivos. La puesta en escena en el cine de Losey surge de una herencia teatral brechtiana y expresionista, con unas composiciones dinámicas, unos fluidos desplazamientos de cámara, que tratan de no perder comba de unas interpretaciones llenas de fuerza. Asimismo destaca el uso expresivo de los decorados y de los objetos (sus planos de los espejos ya forman parte de su marca de estilo), así como la adecuación de una música, por lo general, de ritmos jazzísticos.
![]() Salvadas estas pinceladas biográficas sobre el cineasta estadounidense y su obra fílmica, cabe decir que el libro escrito por Joaquín Vallet se convierte en un acto de reparación moral y de justicia en torno a su autor y su cine. En el texto se busca desentrañar las claves del cine de Losey, partiendo del análisis del estudio de la integridad de de toda su obra, desde su primer film El muchacho de los cabellos verdes (1948) hasta el ultimo Steaming (1985). De esta manera, las vivencias personales, las circunstancias que incurrieron en la existencia de su autor y la época que le toco vivir cobran una importancia vital, para poder entender su dimensión como cineasta.
Estructurado en una primera parte que abarca una extensa biografía personal, el cuerpo central del libro se encomienda al análisis de todos y cada uno de sus films, complementado en su parte final con una detallada sinopsis y filmografía artístico-técnica, todo lo editado en DVD, y una extensa bibliografía de los libros, entrevistas y artículos publicados. En suma, nos encontramos ante un libro bien escrito y muy documentado, en que se pone de relieve que para Vallet nada es dejado al azar en su análisis; siempre atento en buscar el detalle, desde la interpretación hasta la puesta en escena y las lecturas de carácter alegórico o simbólico que merezcan determinadas películas. Un ejercicio reflexivo pero que, al mismo tiempo, se muestra entretenido a la hora de leer. Merced al afán reivindicativo de Vallet esta monografía contagia desde su primeras páginas las ganas por volver a ver o iniciarse en el cine de Losey. Joseph Losey es, pues, una obra imprescindible para conocer, descubrir y comprender, tanto al hombre como su cine, aspectos indisociables el uno del otro.•
Jordi Busquí Gil |



























creativo y sus ideas políticas. Sus ocupaciones escénicas le llevaron a debutar en el cine bastante tarde, ya cumplidos los cuarenta años. En esta primera época utilizaría el cine negro como alegoría para criticar la sociedad americana. Impelido a declarar ante el Comité de Actividades Antiamericanas, por su afiliación en el partido comunista norteamericano, decide exiliarse a Europa manteniendo su compromiso ideológico, e iniciando una nueva etapa en su filmografía. Salvo ese fondo crítico, las películas del periplo inglés guardarán poca o nula relación con el cine que Losey había rodado al otro lado del Atlántico. Al respecto, resulta curioso como un norteamericano marxista entendía incluso mejor el sistema de clases y la jerarquía inglesa que sus coetáneos del free cínema. La necesidad de adaptar su estilo a una visión más profunda de la complejidad del individuo y de sus problemas le conducen a comprender que no basta con denunciar las injusticias de la sociedad sino que debe hacer reflexionar al público desde el entretenimiento. Así pues, elabora películas duras y de un pesimismo absoluto, en especial cuando colabora con el escritor Harold Pinter en 