CONCURSO CINEARCHIVO JUNIO-JULIO 2015: SORTEAMOS BD's DE «OCULUS» Y LIBROS DE «MR. ARKADÍN» (CONMEMORACIÓN CENTENARIO ORSON WELLES) Y «SYDNEY POLLACK»
En estreno
 
ESPECIAL OLIVER STONE (PARTE II, 1993-2012)
Segunda y última entrega dedicada a la obra de Oliver Stone en su condición de director. En esta parte analizamos un total de diez producciones en las que Oliver Stone regresa sobre algunas de sus obsesiones, como la guerra del Vietnam (El cielo y la tierra) o la política norteamericana
MUERE EL ACTOR EGIPCIO OMAR SHARIF
A los ochenta y tres años fallecía en la capital egipcia Omar Sharif, cuya popularidad fuera de su país de origen se la brindaría sobre todo su papel de Doctor Zhivago en el film epónimo. Afectado de Alzheimer desde hacía varios años, Sharif
47 EDICIÓN FESTIVAL DE CINE FANTÁSTICO DE SITGES 2014
Solemne y puntual a la cita como marca el calendario del mes de octubre —salvo las excepciones de 2004 y 2005, a finales de año—, Sitges se volvió a teñir de rojo, morado y por qué no, de un azul claro que dominaba el cielo poco encapotado de esa semana de auténtico frenesí
DIPLOMACIA (2014)
25 de agosto de 1944. Los aliados entran en París. Poco antes del amanecer, Dietrich von Choltitz, gobernador militar alemán, se prepara para ejecutar las órdenes de Hitler de volar la capital francesa. Y, sin embargo, París no se destruye. ¿Por qué razones von Choltitz se niega a llevar a cabo las órdenes del Führer, a pesar de su lealtad sin límites al Tercer Reich? ¿Fue Raoul
LA BANDA SONORA DEL MES: «LA TEORÍA DEL TODO» (2014)
La vida de Stephen Hawking representa un material idóneo para la confección de un documental, en virtud de la importancia que han ido cobrando sus trabajos en el campo de la astronomía y de la física en general. Desde hace relativamente poco tiempo, el documental ha sido el espacio creativo que ocuparía al islandés Jóhann
EL LIBRO DEL MES: «JERRY GOLDSMITH: MÚSICA PARA UN CAMALEÓN»
Un camaleón. Es difícil definirlo mejor. Jerry Goldsmith atravesó casi cincuenta años de historia del cine mutando, adaptándose. Pero también marcando el paso, avanzando. Para Goldsmith el drama lo era todo, el personaje, las motivaciones y como traducirlas en la banda sonora. La formación clásica fue el punto de partida. El saber pintar como Velázquez para
DEL LIBRO A LA PANTALLA: «LA SOLITARIA PASIÓN DE JUDITH HEARNE»

Editorial: Impedimenta. 
Autor: Brian Moore.
Fecha de publicación: marzo de 2015.
311 pp. 13,0 x 20,0 cm. Tapa blanda.
Traducción de Amelia Pérez de Villar.

Presumiblemente sin proponérselo, la editorial Impedimenta, a fecha de hoy, ha publicado tres novelas que dieron pie a otras tantas adaptaciones cinematográficas plasmadas por idéntico director: Jack Clayton. Después de la publicación de Un lugar en la cumbre (1955) de John Braine y El devorador de calabazas (1962) de Penelope Mortimer toca el turno a La solitaria pasión de Judith Hearne (1955), justo transcurridos sesenta años desde la salida al mercado de su edición primigenia en lengua inglesa. Lo haría inicialmente con el escueto título Judith Hearne, un manuscrito que había sido rechazado por numerosas editoriales, a imagen y semejanza, por ejemplo, de lo ocurrido con una novela coetánea escrita por Vladimir Nabokov, Lolita (1955). Un rechazo motivado, entre otras consideraciones, por relatos abonados a escandalizar ciertas conciencias de la época cuando se plantean temas como la paedofilia o la pérdida de fe religiosa. Este último sería uno de los temas que recorrerían buena parte de las novelas y ensayos obra de Brian Moore (1921-1999), quien al dictado de los consejos de los editores aceptó que Judith Hearne un año más tarde de su debut en librerías "mutara" a The Lonely Passion of Judith Hearne y con ello sus cifras de venta se dispararon. La “solitaria pasión” a la que apela el título que quedaría consignado a partir de entonces —el mismo que ha servido de referencia Impedimenta— no sería otra que el alcohol, capaz de aplacar un estado de tristeza y desazón desencadenado por un desengaño amoroso y el sentimiento de sentirse traicionado/a. Una adicción que opera de elemento dispuesto a restituir un ánimo alicaído, sustitutivo de una fe religiosa inculcada desde temprana edad por su tía D’Arcy. A ella se dedica en cuerpo y alma Judith Hearne, anteponiendo su propia El escritor irlandes Brian Moore.realización personal (también en lo afectivo) al cuidado de su querida tía.
Impedimenta vuelve a acertar de lleno (por enésima vez) en la elección de un texto que para muchos nos coloca en la pista de un autor, Brian Moore, que nos despierta un voraz apetito lector. Su prosa se desnuda de cualquier artificio, sin menoscabo de una capacidad por saber describir el paisaje urbano y el “paisaje humano”, en un ejercicio de introspección psicológica estructurada mediante la utilización de la figura del narrador omniscente. La meticulosa traducción al cargo de Amelia Pérez de Villar no hace más que congratularnos de lo pertinente de la edición de Impedimenta, puerta de entrada a futuras publicaciones de textos de Moore —algunos de ellos firmados bajo seudónimo, los de Bernard Mara (French for Murder, A Bullet for My Lady, This Gun for Gloria) y Michael Bryan (Intent to Kill, Murder in Majorca) —, cuya actividad profesional quedaría complementada con la asunción de guiones de encargo, tales como los de Cortina rasgada (1966) o La sangre de otros (1984), y otros que le comprometían a su propia producción literaria en tanto que adaptaciones al celuloide de The Luck of Ginger Coffey (1964) y Manto negro (1991). Asimismo, la producción británica de 1991 y de 2003 consignaría Cold Heaven y La sentencia, títulos nacidos de sendas piezas literarias escritas por Moore, pero sin su participación directa en los proyectos liderados por Norman Jewison y Nicolas Roeg. La sentencia “de muerte” de Brian Moore llegaría en periodo finisecular, en ese 1999, annus horribilis para el gremio del cine por lo que concierne a registro de defunciones (los realizadores Stanley Kubrick, Robert Bresson, Charles Crichton y Buzz Kulik, el actor Oliver Reed, etc.) Ya por aquel entonces se alzaron algunas voces reivindicando la importancia de Brian Moore en el contexto literario anglosajón de la segunda mitad del siglo XX.
 
La adaptación de Clayton y Nelson
 
   Una docena antes de la desaparición de Moore, quizás su novela más emblemática (no por casualidad, existe un documental titulado The Lonely Passion of Brian Moore, fechado en 1986) propiciaría la puesta en marcha de una producción cinematográfica financiada por Hand Made Films, la compañía del ex Beatle Ringo Starr. Clayton, cautivo de su condición de adaptador de novelas de una elevada calidad literaria, rescató este texto en plena era Thatcher, yendo a contracorriente de las modas auspiciadas en el seno de la cinematografía británica. A Clayton le vino derivado el guión elaborado por Peter Nelson, productor y escritor fundamentalmente vinculado al espacio televisivo. Precisamente, uno de los males que padece La solitaria pasión de Judith Hearne (sobre todo en su revisión) proviene de su proximidad a un formato más propio de una producción presta a emitirse en horario de sobremesa por la pequeña pantalla. La música concebida por Georges Delerue —que acentúa el sentido litúrgico de la propuesta con sus consabidas dosis melódicas alumbradas con una enmienda a la esperanza tan caras al compositor galo— y pocos elementos más permiten alejarnos de la presunción que La solitaria pasión de Judith Hearne no forma parte de la pléyade de películas de los años ochenta con un diáfano “predicamento” televisivo. E incluso, la apuesta inicial nos hubiera podido llevar al terreno de la miniserie ya que por extensión y tratamiento de los personajes The Lonely Passion... encajaba a la perfección. No fue así, decantándose a la postre por una producción cinematográfica de duración estándart —ciento cinco minutos— articulada a golpe de flashbacks  —una figura cinematográfica que Clayton ya había empleado en su mediometraje The Beskope Overcoat (1955), ¡Suspense! (1961), El gran Gatsby (1973) y, de manera particular, en Siempre estoy sola (1964)— que persigue fijar los trazos psicológicos del personaje de Judith Hearne (Maggie Smith, una elección “ajustada a derecho”) a través de sus conexiones con una infancia y una adolescencia sojuzgada por una doctrina religiosa, en buena lid, “castradora”. En ese camino “empedrado” de contradicciones, de dudas, de batallas internas libradas entre la conciencia, el deseo y la razón, Hearne descuida su propia realización personal, encontrándose a las puertas de la vejez con un cuadro que la aleja de cualquier señal de esperanza en lo afectivo. Su relación con James Madden (Bob Hoskins) se evalúa conforme a un espejismo al que Judith pretende acogerse desde la desesperación. Si bien en la película la luz de ese espejismo deviene más difusa —cuando la vieja dama, producto de su ebriedad, se tiende sobre la cama, Madden la cubre con una chaqueta, en un apunte de afecto y candor que apenas se entrevee en la novela—, todas las coordenadas parecen situarnos en el horizonte de un relato sobre la soledad de una persona autodestructiva —el alcohol, una vez más, actúa de catalizador— en su esencia y en su forma. Llegados a este punto, el principal cambio operado entre película y novela se localiza en su tramo final. Mientras en la novela de Moore la fe católica cubre un manto de esperanza en el devenir de Judith Hearne —algo que debió de llenar de satisfacción a un admirador de la prosa del irlandés, Graham Greene—, en la película orquestada por Clayton el regreso de Madden a la vida de Hearne tan solo es transitorio, contraponiendo el deseo de la envejecida dama por poner a cero el contador de su existencia. Por ello, corta amarras con un pasado reciente —el ex portero de un hotel neoyorquino, Madden y también la “extraña familia” de la hermana de éste— y el que arranca desde mucho más lejos, el que la relaciona con una dipsomanía, termómetro de una aflicción personal que la había colocado tantas veces a las puertas del abismo después de haber puesto a prueba la “eficacia” de esa terapia religiosa en forma de confesión.•
 
Christian Aguilera