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EL ADIÓS A ALFREDO LANDA (1933-2013) Fallecido el pasado 9 de mayo como consecuencia de un cáncer, Alfredo Landa ha dejado tras de sí una larga trayectoria prof esional fundamentalmente en el campo del cine. Su carrera en la gran pantalla arrancaría a principios de los sesenta, constituyendo en la siguiente década todo un icono de un modelo de cine de consumo fácil, dirigido al gran público. Retirado de los platós desde hace años, Landa seguía siendo, sin embargo, uno de los actores más queridos de la escena cinematográfica y por un público que mostraría un cierto desconcierto al tener constancia que sus dotes interpretativas parecían no tener límite a través de su concurso en producciones realizadas por José Luis Cuerda, José Luis Garci o Mario Camus. Precisamente, de éste último es Los santos inocentes (1984) (ver enlace), el título que sirve para brindar nuestro particular homenaje en cinearchivo a la figura de Alfredo Landa, receptor de un Goya Honorífico en 2008. Desde que Alfredo Landa se instalara en Madrid, tuvieron que pasar cerca de cuatro años hasta que Pedro Masó y José María Forqué se fijaran en él y le ofrecieran la primera oportunidad de participar en la comedia Atraco a las tres en 1962. Después de una larga trayectoria teatral sus breves apariciones cinematográficas fueron sucediéndose en la década de los años sesenta especializándose en papeles humorísticos, consiguiendo excepcionalmente su primer papel protagonista en La niña de luto. Alfredo Landa afianzó su carrera en estos años rodando casi cuarenta títulos, entre ellos, El verdugo —en el papel de un joven sacristán de tintes despóticos—, Ninette y un señor de Murcia —versión fílmica de una obra escrita expresamente por Miguel Mihura en honor de la gran reputación que Landa ya había cosechado en los escenarios— o No somos de piedra —donde Landa ya esboza el personaje que se convertiría en su marca de fábrica en los años venideros, el de típico macho ibérico que se debate entre la fidelidad hacia su esposa y la irresistible atracción hacia una tentadora mujer—. El éxito arrollador de No desearás al vecino del quinto inaugura en 1971 una etapa fulgurante en la tray ectoria del cómico, encadenando en los breves años que preceden a la muerte del general Franco una voluminosa lista de películas. Este segundo bloque cinematográfico ha configurado un fenómeno sin parangón en la historia del cine español y mundial, el landismo, una denominación que nace a partir del protagonismo del mencionado actor en un tipo de comedias que tienen al sexo como principal motor de la ficción. Un esquema repetitivo bautizado despectivamente como el «landismo» que deviene fórmula comercial sucediéndose actores —José Luis López Vázquez, José Sacristán, África Pratt o Ira de Fürstenberg— y directores —Pedro Lazaga, Luis M. Delgado, Fernando Merino, y, sobre todo, Mariano Ozores—, alrededor de Alfredo Landa caracterizado como el prototípico hombre medio español castizo y reprimido. Esta carrera desenfrenada se corta el 1975 tras suprimirse le censura española y entrar el género en una progresiva degradación. Tras pasar un año en blanco, Landa empieza con El puente de J. A. Bardem una nueva etapa que le aleja del histrionismo característico de sus anteriores roles y resurge un Landa desconocido, mucho más comedido e introspectivo. En este periodo, que se extiende hasta finales de los años noventa, participará prácticamente en todos los trabajos de un director fundamental en su carrera, José Luis Garci, una estrecha relación que se inició con Las verdes praderas, destacando su brillante interpretación del desencantado detective privado Areta en El crack. Entre los papeles que conforman este último tercio de su filmografía figura en una posición de honor su actuación en la premiada película de Mario Camus Los santos inocentes, donde da vida al fiel y resignado campesino Paco. Sus excelentes composiciones se suceden en una larga lista de títulos, s ubrayando especialmente sus papeles para José Luis Cuerda o la del perdedor que deambula errático por una Barcelona nocturna en Sinatra del realizador catalán Francesc Betriu. En los años noventa ha espaciado significativamente su presencia en la gran pantalla, apostando el alguna ocasión por la vuelta a un cine de tintes más populares como Los porretas, aumentando su presencia en el medio televisivo a partir de la memorable serie El Quijote de Manuel Gutiérrez Aragón en tiempos de Pilar Miró al frente de Televisión Española. Este realizador contaría posteriormente con Landa para interpretar la figura del médico Antón en la película El rey del río. La popularidad de este versátil comediante, capaz de superar con genialidad y talento su anterior encasillamiento, se consolidaría a través de distintas serias televisivas —Lleno, por favor, Andar por casa o Por fin solos— y puntuales papeles cinematográficos servidos, una vez más, por José Luis Garci. Una de las producciones de éste, Luz de domingo, serviría de punto final de una trayectoria fecunda en el haber de uno de los nombres propios de nuestro cine: Alfredo Landa (Ver FICHA PERSONAL y FILMOGRAFÍA DE ALFREDO LANDA) |





























