CONCURSO CINEARCHIVO SEPTIEMBRE 2010: SORTEO DE ALTAVOCES SYSTEM AUDIO CON MOTIVO DEL ESTRENO DE «CONTRACORRIENTE», DVD'S «FURIA DE TITANES» Y CAMISETAS DE «UN PEQUEÑO CAMBIO»
Por gentileza División de Video de Warner Bros Entertainment España Karma Films y Vértice Cine Cinearchivo sortea 4 DVD’s de Furia de titanes, 2 equipos de altavoces System Audio y 5 camisetas de Un pequeño cambio.
 
Para concursar y así optar al sorteo de estos premios debéis enviar un em@il a la siguiente dirección de correo electrónico:
 
 
En el em@il debéis señalar en el encabezamiento    
CONCURSO CINEARCHIVO SEPTIEMBRE 2010  y, a continuación, marcar las respuestas a las siguientes cuestiones que os formulamos:

PREGUNTA PARA SORTEO DE LOS 4 DVD'S DE FURIA DE TITANES:
¿Cómo se llama el mítico responsable de los diseños de criaturas animadas del film homónimo de 1981 en que se basa parcialmente esta macroproducción?
 
A   Colin Arthur
B   Albert Whitlock  
C   Ray Harryhausen
 
PREGUNTA PARA SORTEO DE LOS 2 EQUIPOS ENERGY SYSTEM
¿Cuál de estos directores es de nacionalidad peruana?
 
A    Miguel Litín   
B    Alejandro González-Iñárritu    
C    Francisco Lombardi   
 
PREGUNTA PARA SORTEO DE LAS CAMISETAS UN PEQUEÑO CAMBIO: 
Jason Bateman, uno de los protagonistas del film, lo hemos podido ver este año en el cine en...
 
   Up in the Air    
B    Juno 
C    Airbender   
 
 

Si tan sólo queréis optar a uno de los concursos, podéis hacerlo. Si queréis optar a los tres podéis enviar un solo em@il especificando las dos respuestas, así como vuestro NOMBRE Y APELLIDOS. Deben ser em@ils personalizados para evitar el fraude del envío de correos masivos o simples copias de otros correos electrónicos ya enviados, que nunca tendrán opción a premio.
El sorteo se celebrará ante notario el próximo día 1 de OCTUBRE de 2010. Los ganadores recibiréis los DVD’s y los libros a la dirección que nos facilitéis una vez nos pongamos, vía em@ail, en contacto con vosotros.

PARA CONSULTAR, A PARTIR DEL DÍA 2 DE SEPTIEMBRE,  LOS GANADORES «CONCURSO CINEARCHIVO VERANO 2010» Y LAS RESPUESTAS CORRECTAS IR A...

 
                                                    
   DVD's FURIA DE TITANES
                                                                               
POR GENTILEZA DE DIVISION DE VIDEO DE WARNER BROS. ENTERTAINMENT ESPAÑA OFRECEMOS A LOS CONCURSANTES DE CINEARCHIVO LA OPCIÓN DE GANAR 4 DVD'S DE FURIA DE TITANES, UNA AVENTURA FANTÁSTICO-MITOLÓGICO QUE DESPUÉS DE SU EXITOSO PASO POR LA GRAN PANTALLA (MÁS DE UN MILLÓN Y MEDIO DE ESPECTADORES) SE EDITA EN FORMATO DVD Y BLU-RAY. UN REPARTO ESTELAR EN EL QUE DESTACAN SAM WORTHINGTON, LIAM NEESON, RALPH FIENNESPETE POSTLETHWAITE, AL SERVICIO DE UNA IMPACTANTE HISTORIA LLENA DE ACCIÓN Y FANTASÍA CON UNOS ESPECTACULARES EFECTOS ESPECIALES.
EN TIENDAS A PARTIR DEL 14 DE UNIO DE 2010. TAMBIÉN DISPONIBLE EN

 ALTAVOCES ENERGY SYSTEM
                                         
POR GENTILEZA DE KARMA FILMS SORTEAMOS 2 EQUIPOS DE ALTAVOCES ENERGY SYSTEM. DISEÑADOS ESPECIALMENTE PARA mp3 Y mp4, ESTE EQUIPO FORMADO POR 2 ALTAVOCES Y UN SUBWOOFER TIENE SALIDA DE AURICULARES Y UNA POTENCIA ESTIMADA DE 12 W. ¡DISFRÚTALOS EN TU ORDENADOR! 
Para más información ir al siguiente enlace: Energy System
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    KARMA FILM ESTRENA EN SALAS COMERCIALES EL 17 DE SEPTIEMBRE CONTRACORRIENTE, UN FILM AVALADO POR NUMEROSOS PREMIOS OTORGADOS POR EL PÚBLICO EN DISTINTOS FESTIVALES INTERNACIONALES (SUNDANCE, MONTREAL, CHICAGO, MIAMI, ETC.) PARA EL QUE SUPONE EL DEBUT EN LA DIRECCIÓN DE LARGOMETRAJES DEL PERUANO JAVIER FUENTES-LEÓN. UNA HISTORIA INTIMISTA CON UN ALTO CONTENIDO EMOCIONAL QUE KARMA FILMS DISTRIBUYE EN ESPAÑA CON UN RECONOCIMIENTO CRECIENTE EN LOS PAÍSES Y EN LOS CERTÁMENES DONDE SE HA PODIDO VER CONTRACORRIENTE.
             

 
              CAMISETAS UN PEQUEÑO CAMBIO
                                                                             
                                                     
POR GENTILEZA DE 
VÉRTICE CINE SORTEAMOS 5 CAMISETAS DE UN PEQUEÑO CAMBIO.
 PROTAGONIZADA POR JENNIFER ANISTON Y JASON BATEMAN, ESTE FILM ESTÁ LLAMADO A SER UNA DE LAS COMEDIAS ROMÁNTICAS DE LA NUEVA TEMPORADA CINEMATOGRÁFICA. UNA OBRA QUE ENCANDILARÁ A LOS AMANTES DEL GÉNERO A LAS PUERTAS DE INAUGURARSE LA TEMPORADA DE OTOÑO.
En estreno
 
ESPECIAL STEVEN SPIELBERG (PARTE II: 1991-2008)
Si el recorrido por la primera parte de este monográfico dedicado a Steven Spielberg valdría para encumbrar cualquier carrera cinematográfica, de la que ahora nos ocupamos cuenta con una relación de producciones que cuesta imaginar que hayan sido confeccionadas en un relativo corto espacio de tiempo con unos niveles de calidad tan elevados. Para aquellos detractores del cine de Spielberg que le acusaban —a veces, no sin razón: véase Hook, el capitán garfio (1991) o buena parte de los films que tan sólo se ha limitado a producir— de un exceso de infantilización, la década de los noventa y la primera del siglo XXI contiene obras de una extraordinaria madurez en todos los sentidos. Entre éstas se encuentra su única obra rodada en blanco y negro, La lista de Schindler (1993), y la trilogía fantástica compuesta por A. I. Inteligencia Artificial (2001) —un proyecto que, en principio, debió rodar Stanley Kubrick—, Minority Report (2002) y La guerra de los mundos (2005), que concentraron buena parte de los esfuerzos del cineasta norteamericano en los albores del nuevo milenio, pero no los únicos. Hoy en día, pocas voces pueden rebatir la robustez de una filmografía que ha ganado enteros en las últimas décadas con el trío de producciones de corte fantástico señaladas, pero también con piezas de una singularidad arrebatadora en el actual contexto cinematográfico como Atrápame si puedes (2002) o La terminal (2004), ejercicios realizados fuera de las modas imperantes gracias, en buena parte, a los dividendos generados por su díptico sobre el universo de los dinosaurios —Parque jurásico (1993) y El mundo perdido (1997)— y la saga de Indiana Jones, que retomaría en 2008 tras un paréntesis de diecinueve años. En esta segunda parte del Especial dedicamos un análisis a cada una de las producciones que Spielberg dirigió en estas dos últimas décadas, además de incluir un pormenorizado comentario crítico de la banda sonora de su fiel colaborador John Williams para La lista de Schindler y un apartado que incluye las reseñas críticas de un terceto de libros publicados en los últimas años sobre el popular cineasta. 
 
 
           Por Joaquín Vallet Rodrigo    
 
        Por Joaquín Vallet Rodrigo
 
      
            Por Tomás Fernández Valentí
    
 
        Por Javier Ortega (la firma invitada, autor de
        «Steven Spielberg, el hacedor de sueños»)
 
        Por Sergi Grau
 
        Por Lluís Nasarre
 
        Por Sergi Grau
 
        Por Joaquín Vallet Rodrigo
 
 
        Por Frederic Soldevila
 
 
 
  
            Por Varios Autores
      
  
 
 
 
 

A partir del próximo 19 de septiembre de 2010, publicación del ESPECIAL «LOS 12 MEJORES FILMS DE VAMPIROS DE LA HISTORIA» 

 
 
WOODY ALLEN, A PROPÓSITO DE SU CITA ANUAL CON EL ESPECTADOR
Si nos guiamos por el calibre de su reparto —Antonio Banderas, Naomi Watts, Josh Brolin y Sir Anthony Hopkins, entre otros—, Conocerás al hombre de tus sueños —libre traducción del original You Will Meet a Tall Dark Stranger (2010)—representa una de las producciones más ambiciosas rodadas por Woody Allen en lo que llevamos de milenio. La nueva película dirigida por el genio neoyorquino que se estrena entre nosotros —ya inicia la fase de postproducción de su siguiente película, rodada en París— es, sin embargo, una propuesta en la línea de sus anteriores trabajos, basado en los diálogos y el savoir faire de los intérpretes. Con un planteamiento coral, a la manera de Hannah y sus hermanas (1986) o Delitos y faltas (1989), Conocerás al hombre de tus sueños se presentó a finales de agosto en Avilés, localidad asturiana que se ha convertido, junto a Barcelona y Oviedo, en un nuevo feudo donde el cineasta norteamericano se siente cómodo y arropado por unos aficionados incondicionales. En su honor se erige en el centro de Avilés una figura de bronce a tamaño natural para quien se mantiene en la brecha, encadenando una película año tras año y con el propósito de volver a colocarse ante las cámaras en un futuro. De momento, esta circunstancia no se da ni en esta ni en su siguiente película, localizada en la capital francesa tras diversas producciones recreadas en las calles de Londres —con el paréntesis de Vicky Cristina Barcelona (2008)—. En breve publicaremos un extenso artículo de Conocerás al hombre de tus sueños en cinearchivo, que viene a complementar el Especial que dedicamos a Woody Allen hace un par de temporadas con motivo del estreno de «su» película barcelonesa.
Woody Allen es uno de los más claros ejemplos de director que ha asumido una madurez en su cine a lo largo de los años. Como consecuencia de esta evolución, Allen ha pasado de ser un gagman respetado en algunos círculos reducidos de su ciudad natal, a mediados de los sesenta a ser uno de los autores que hacen de cada propuesta cinematográfica una cita ineludible para los buenos aficionados, en especial, a la comedia elaborada. Por consiguiente, sus primeros films se encuentran a una gran distancia con respecto a sus trabajos recientes en cuanto al plano técnico, al ensamblamiento entre secuencias dramáticas y cómicas, y a la dirección de actores. Desde su debut oficial con ¿Qué tal, Pussycat?, en la que substituyó como guionista a I.A.L. Diamond —habitual de los films de la segunda etapa de Billy Wilder— hasta El dormilón, su cine podría catalogarse de naïf, notablemente influido por su periodo como stand-up comedian, sin apenas recursos estilísticos brillantes. La última noche de Boris Grushenko marca un cambio de orientación en la carrera de Woody Allen, en el que se apuntan temas que serán una constante en sus futuras producciones: la religión, la muerte, las relaciones con las mujeres, ... De hecho, Annie Hall, su siguiente film, es valorado como un título semiautobiográfico, y por tanto, donde comienzan a darse cita todos estos temas hasta entonces tan sólo esbozados. Manhattan incide también en esta línea y demuestra las enormes posibilidades de Allen como escritor de comedias dramáticas y el uso que hace de la ciudad de Nueva York como pocas veces se había utilizado en el cine hasta entonces. Ambos films sirvieron para establecer las bases de un equipo prácticamente indisociable en el que se incluyen los productores Charles H. Joffe y Jack Rollins, el montador Mel Bourne y el asesor-director musical Dick Hyman. En el apartado del director de fotografía, Allen ha alternado entre Carlo Di Palma (asiduo operador de Michelangelo Antonioni) y Sven Nykvist (colaborador titular de Ingmar Bergman)en las dos últimas décadas. El favor de crítica y público que le otorgan comedias como Manhattan y Annie Hall hacen que Woody Allen experimente con un material dramático —September, Otra mujer, en que retoma los planteamientos bergmanianos de Interiores o fellinianos de Recuerdos— en los años venideros. Pero el grueso de su filmografía sigue atesorando un entusiasmo por la comicidad fundamentada en sólidos guiones, generalmente firmados en solitario, a excepción de sus colaboraciones con los también directores Marshall Brickman (Annie Hall, Manhattan, Misterioso asesinato en Manhattan) y Joseph McGrath (Balas sobre Broadway). A pesar de que en el apartado del equipo artístico han habido variaciones —Mia Farrow pasó a ser la musa de Allen en los ochenta, en detrimento de Diane Keaton, a quien volvió a recuperar en Misterioso asesinato en Manhattan tras el tormentoso affair suscitado con la hija de Maureen O'Sullivan—, la obra del director judío ha seguido un trazo firme, regular en un tono alto que tan sólo han sabido mantener muy pocos cineastas de su generación. Por encima de matices, la filmografía de Allen se inscribe con letras mayúsculas en la industria del cine por su fluidez narrativa, su ingenio y una sabia reflexión sobre las relaciones de pareja desde una mirada cáustica e irónica, pero también amable y sincera. Perfeccionista y extraordinariamente autocrítico —al propio Allen tan sólo le satisfacen plenamente cinco o seis films de su extensa filmografía, y rodó dos veces September supliendo a la mayoría de los intérpretes inicialmente escogidos— el autor de El dormilón ha tratado de enfrentarse a nuevos retos estilísticos o temáticos con desigual fortuna, desde su apego al uso del blanco y negro (Manhattan, Recuerdos, Zelig, Broadway Danny Rose, Sombras y niebla, Celebrity) para crear una atmósfera más convincente, hasta la planificación semidocumental de Maridos y mujeres, la creación de un musical atípico en Todos dicen I Love You o sus particulares homenajes al cine de género, ya sea la comedia italiana de los cincuenta en su derivación de «atracos perfectos» (Granujas de medio pelo) o del cine negro de la época dorada (La maldición del escorpión de Jade, Misterioso asesinato en Manhattan). Una clara muestra de lo que no debe renunciar nunca un autor: la permanente búsqueda de nuevas fórmulas de comunicación y de expresión artística. Su ritmo de una película anual le permite este afán experimentador. La labor cinematográfica desempeñada por Woody Allen frente a otros realizadores ha seguido una línea discontinua, hasta constituir una excepción en los últimos decenios. Buena parte de los papeles interpretados bajo el amparo de directores de diferente recorrido (Herbert Ross, Martin Ritt, Paul Mazursky) mantienen ciertas conexiones con su propio discurso cinematográfico. Probablemente, el personaje de Allan Felix en Sueños de seductor contribuyó sobremanera a crear un arquetipo del celuloide: cinéfilo, obsesivo con las mujeres, gesticulante, ingenioso... Es decir, Woody Allen. Pero en esta trayectoria paralela también se encuentran títulos que se desmarcan de un concepto centrado en la comicidad, para abordar temas como la «caza de brujas» en el seno de los estudios de televisión en la primera mitad de los años cincuenta. La tapadera —rebautizada El testaferro para una de sus reposiciones en el estado español— partía del conocimiento de primera mano que tenían el guionista Walter Bernstein y el director Martin Ritt de aquella época de represión ideológica. Woody Allen fue escogido por Ritt para recrear a Howard Prince, un modesto cajero que firma los guiones para televisión de escritores que figuran en las «listas negras» por su supuesta filiación comunista. El estreno de La tapadera coincidía con el inicio de una etapa de madurez en la carrera como director de Woody Allen. A partir de entonces, Allen ha concentrado sus esfuerzos en la escritura de guiones —una fuente inagotable, ya que él mismo ha desvelado tener una veintena en el cajón— y la preparación de los ensayos con una ecléctica relación de actores. Únicamente Paul Mazusky pudo valerse del concurso de Woody Allen como coprotagonista para dar réplica a Bette Midler en Escenas en una galería, otra vuelta de tuerca sobre las relaciones de pareja, desde un posicionamiento agridulce. Por su parte, Wild Man Blues aborda el lado humano de Woody Allen, desde su relación con sus nonagenarios padres hasta su afición por el clarinete que le ha llevado a ofrecer varias giras, junto con su banda, por distintas ciudades europeas en los últimos años. Pero la visión de este documental realizado por la especialista Barbara Kopple desvela que la realidad y la ficción no difiere en demasía. La ruptura entre Allen y Farrow sería un buen ejemplo (VER FICHA PERSONAL y FILMOGRAFÍA COMPLETA de WOODY ALLEN)
63 EDICIÓN FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE CANNES

 

 

 

 

 

  


Una nueva Palma de Oro para Oriente

Crónica de Joan Millaret Valls
Espiritualidad
 
Sin dudarlo, la propuesta más sugerente, turbadora y enigmática de la presente edición se atesoraba en la última aventura espiritual del tailandés Apichatpong Weerasethakul, Lung Boonmee raluek chat / Oncle Boonmee who can recall his past lives, premiada con la Palma de Oro. El que ha sido considerado como la esperanza blanca del cine contemporáneo no ha defraudado las expectativas creadas y su postrer trabajo, cofinanciado por la productora española Eddie Saeta de Lluís Miñarro, es la confirmación de un cine inasible e inestable que se adentra en territorios intransitables llenos de misterio, temor y belleza. En una zonaOncle Boom... del director tailandes de nombre y apellidos impronunciables se alzo con la Palma de Oro 2010. selvática correspondiente a un mundo atávico donde se convocan fantasmas y espíritus de difuntos muertos y desaparecidos se da lugar una fascinante cohabitación de hombres, animales, plantas, lagos y apariciones. El film cuenta con leyendas intemporales y pasajes de tránsito a nuevas vidas con reencarnaciones y almas que se desdoblan. Nace un maravilloso e indomable espacio donde la vida y la muerte andan abrazadas en viajes reversibles. Existen momentos mágicos cargados de trascendencia como la incursión en una gruta o instantes petrificados saturados de perturbación y misterio o tramos fantásticos conducidos hasta la abstracción y la desfiguración como la secuencia del lago.
   Resulta sintomático que una película francesa como Des hommes et des dieux dirigida por Xavier Beauvois que toca con sensibilidad, humanismo y delicadeza un tema de exuberante religiosidad procedente del sacrificio de un grupo de monjes franceses en el Norte de África en la década de los noventa haya conseguido también alzarse en un puesto de honor en el palmarés final con el gran premio del jurado. Se trata de un espléndido trabajo de cine ascético profundamente ético y moral donde una pequeña comunidad cristiana que vive fundida en el entorno ayudando y socorriendo a la población civil se situará en la disyuntiva de escoger entre la huída de la zona y una muerte inevitable al estar expuestos de forma indefensa tanto al fanatismo terrorista islamista como a las presiones gubernamentales. Lúcida, profunda, conmovedora y apasionante reflexión sobre la violencia, la fe, la vida y el hombre proporcionada por un inédito cine cargado de espiritualidad.
 
Paternidades conflictivas
 
Numerosas películas a competición nos han ofrecido repetidos retratos de figuras paternas en permanente conflicto. Progenitores sacrificados, con remordimientos de conciencia, atenazados por el recuerdo de vástagos perdidos y abandonados. Una nueva paternidad asociada a la culpabilidad de tintes dramáticos surge con ímpetu por doquier y al festival de Cannes sólo le queda amplificar dicha sensibilidad convertida ya en cauce corriente en salas. En Rizhao Chongquing / Chongqing blues del chino Wang Xiaoshuai nos encontramos con un padre que se ha embarcado en alta mar en un buque pesquero y que regresa a tierra firme para seguir las huellas de su hijo muerto al cual había abandonado. El padre como figura huidiza y esquiva que debe someter su conciencia a examen por la pérdida de un hijo. Un film melodramático sobre la culpa de un padre ausente que descubre tardíamente la huella depositada y recogida por un hijo trastornado por el dolor de la pérdida del progenitor. El film avanza como una pesquisa policial llevada a cabo por el padre para construir el retrato de un hijo sin rostro.
   Otro film surcado por las penalidades surgidas de la fractura en las relaciones paterno-filiales es Tournée / On tour del actor-director francés Mathieu Amalric. Un ejercicio libre e indómito de realización que sobrepasa el marco de estas tensiones internas entre un padre de regreso a su país y su inevitable colisión con su descendencia. Este encuentro se produce con motivo de la gira de un grupo de estarlettes norteamericanas en suelo francés, una especie de cabaret ambulante especializado en espectáculos eróticos y musicales tipo new burlesque. El film es la defensa de un estilo de vida sin ataduras, extravagante y divertida, una filosofía de vida sin un hogar estable ni lazos perecederos. El espíritu anárquico, despreocupado y vitalista que emana de este sólido, físico, pastoso y fornido film le ha hecho merecedor del premio a la mejor dirección.Presente en el palmares, Javier Bardem, omnipresente en el film de Inarritu "Biutiful", rodada parcialmente en Barcelona.
Esta sobreabundancia de paternidades díscolas en el certamen por fuerza debería conllevar algún tipo de reconocimiento póstumo para estas sufridas interpretaciones a menudo de tintes trágicos. Este ha sido el caso del actor español Javier Bardem reconocido como mejor intérprete masculino ex aequo al lado del italiano Elio  Germano. Bardem es un padre aquejado de una enfermedad terminal preocupado por el futuro de su descendencia al lado de una mujer enferma en una ciudad clandestina, ilegal e invisible en Biutiful de Alejandro González Iñárritu. Cierta espiritualidad también rezuma la película gracias a escenas purgatoriales así como a la capacidad de visión sobrenatural del protagonista que puede comunicarse con los difuntos. Esta sombría y sórdida ciudad es una Barcelona situada a las antípodas de la soleada, superficial y turística imagen que ofrecía el desliz de Woody Allen en Vicky Cristina Barcelona. El filme es un nuevo ejemplo de un cine sobre la caída y la destrucción, de un cine plagado de dolor, sufrimiento, penitencia, sacrifico y expiación. Un nuevo cuerpo doliente en estado de degradación y desamparo que conduce la película hacia terrenos pornográficos a través del exceso y el tremendismo. Y una muestra de que sin el nuevo guionista de oro que es Guillermo Arriaga, el director mejicano de orden global Iñárritu es capaz de levantar otra oda a la pérdida y el descenso a los infiernos cotidianos.
   El otro intérprete masculino galardonado, el italiano Elio Germano, es una nueva figura paterna abnegada y sacrificada en La nostra vita de Daniele Luchetti. Un film sobre la periferia romana en un horizonte de edificios en construcción con trabajo ilegal, sin cumplimiento de las normas, descontrol y dinero rápido. El protagonista pierda abruptamente a su mujer y emprende una titánica lucha por la supervivencia y la superación. Este nuevo héroe contemporáneo encontrará el apoyo de la familia aunque el director de esta película pequeña pero eficaz no resuelva el problema ético que podría surgir de la sepultación de un hombre en una obra para no entorpecer el proceso de recuperación personal. Un caso ominosamente cerrado en falso de dudoso tratamiento.
   Pero, tal vez, la más llamativa e imaginativa propuesta al respecto es la que proporciona Szelíd Teremtés-A Frankenstein Terv / Tender son-The Frankenstein project del húngaro Kornél Mundruczó. Aquí visitamos otro padre irresponsable que engendró un hijo para después ignorar su paradero donde la figura paterna deviene un émulo del creador Víctor Frankenstein abandonado a su criatura mostrenca. El hijo, personaje extraño y silencioso, reaparece convertido en asesino implacable e intenta rastrear las huellas del padre ausente convertido ahora en director de cine. Una cinta hipnótica, malsana y enigmática sobre un cineasta creador y manipulador de emociones que construye ficciones y termina devorado por la propia realidad. El destino de padre e hijo se encontrará escrito en las altas cumbres nevadas.
 
Historia en llamas
 
El festival ha cedido una amable plaza al veterano director ruso Nikita Mikhalkov para exhibir la segunda parte de su monumental Utomlyonnye solntsem 2: predstoyanie. Se trata de un megalómano y egotista proyecto donde el mismo director interpreta al general Kotov caído en desgracia y su propia hija, Nadezhda Mikhalkova, interpreta en la ficción a la hija perdida del general. Es una grandilocuente historia de amor absoluto entre padre e hija en el contexto de la Segunda Guerra Mundial bajo la infamia del bolchevismo conducido por el padrecito Stalin. Una muestra de cine rancio y embelesado que, sin embargo, posee momentos mayúsculos, prodigiosos. Extraña, desequilibrada pero también temeraria combinación de lo sublime y lo poético con lo cursi y el tópico, excesivo y liviano. Todo alimentado por un aire insano, demente, cercano a veces a lo grotesco, lo esperpéntico y lo delirante. Parece increíble que surjan brotes de genio de dicho kolossal.
   Otra película espectacular, no exenta de polémica, es la soflama que Rachid Bouchareb imparte en Hors la loi sobre las actividades clandestinas y violentas de los activistas argelinos en suelo francés antes de la independencia de Argelia en 1962 a través de la historia de tres hermanos. La primera consecuencia inmediata de la proyección fue el aumento exponencial de las medidas de seguridad en el festival y aledaños en detrimento de la actividad de periodistas y críticos ante posibles incidentes, atentados o protestas. Pero la película es un falso film histórico, más cercano al cine propagandístico de una causa concreta y que termina por convertirse en un gran entretenimiento lleno de acción con atentados, muertes, enfrentamientos, traiciones, ajustamientos o detenciones como en el más ampuloso, vistoso y embellecedor estilo de los filmes de gánsteres.
Otra propuesta colindante con el cine histórico es la desesperanzada y nihilista cinta del realizador ucraniano Sergei Loznitsa proveniente del documental, Schastye moe / My joy. Un auténtico ajuste de cuentas con el omnipotente y totalitario  poder soviético ejemplificado a través de la figura de guardias y soldados ebrios de poder. Asesinos implacables sin conciencia que siempre obedecen ciegamente sin cuestionar órdenes superiores tanto en tiempos de guerra como en la paz. Un cine sobre la barbarie comunista y sus desechos, los cuales viven y moran después del hundimiento de dicho régimen. La víctima propiciatoria de este estado de brutalidad y sinrazón es un joven transportista ultrajado, golpeado y humillado convertido finalmente en un ser que deambula amnésico y perdido por una geografía de la infamia.
   La infausta guerra de Irak ha dejado su huella en algunos títulos en competición como el caso de Fair game, comentada en el siguiente capítulo, y la película añadida a última hora Route irish del británico Ken Loach cuando la programación ya parecía cerrada. El encuentro con Loach provoca inmediatamente el recelo de aquellos que detectan en su realización una pobreza, elementalidad y bisoñez preocupante y, de otro lado, la admiración de aquellos que comparten sus postulados sociales y políticos. En fin, la eterna lucha entre la forma y el contenido; el estilo y el discurso. Huelga decir que su última propuesta ayuda a prolongar esta dicotomía irreconciliable. Route irish es la personal aproximación de Ken Loach, junto a su inseparable guionista Paul Laverty, al conflicto de Irak desde el punto de vista de un soldado en la retaguardia que discrepa de la versión oficial sobre la muerte de su compañero de armas en dicha ruta, una carretera especialmente peligrosa que une Bagdad con el aeropuerto. No se conforma con que su amigo muera en un sitio inadecuado en un momento inoportuno. De esta manera se da inicio a una investigación personal que recurre a todas las nuevas fuentes de creación de imágenes como móviles, videos, grabaciones o web blogs para reconstruir unos hechos que nos transportan a una guerra sucia e inmoral y a un clima de violencia que lo emponzoña todo y que termina por devorar al propio protagonista.
   Los vientos de la historia irrumpen también impunemente con sus heridas y fracturas en la única película africana en selección después de mucho tiempo, Un homme que crie del chadiano Mahamat-Saleh Haroun. Un film sencillo, minimalista y austero, sin grandes alardes, pero que sabe transmitir todo el dolor y la tragedia de una guerra que se cierne sobre una familia que vive trabajando armoniosamente en la piscina en un hotel residencial. El avance de la guerrilla y las levas gubernamentales desgajan definitivamente la precaria relación existente entre un padre e un hijo. Una nueva relación paterno-filial erosionada, esta vez, por la jubilación del padre en beneficio del hijo. Esta película conlleva el clamor simbólico de un continente a menudo olvidado y a la deriva. Un grito descarnado, desnudo y absoluto que hiere por su sinceridad finalmente galardonada con el Premio del Jurado.
   Pero la mejor aproximación a un cine político, histórico y económico lleno de contenido, reflexión y discusión es indudablemente la proeza fílmica de Carlos del francés Olivier Assayas, exhibida fuera de competición. Este fastuoso proyecto para Canal+ pensado para ser exhibido en televisión dividido en tres partes y que en la pantalla dura más de cinco horas anula completamente las distinciones entre lenguaje televisión y lenguaje cinematográfico. La película es un biopic sobre una leyenda viviente del terrorismo mundial, Ilich Ramírez Sánchez, álias Carlos, actualmente en una cárcel francesa. El film es un retrato de una época convulsa y transcendente, la historia del terrorismo en los años 78 y 80 auspiciado por grupos revolucionarios internacionalistas que defienden el comunismo y la causa palestina. Un terrorismo global que actúa mundialmente en distintos frentes y que se verá superado por los propios acontecimientos políticos con la desaparición de los bloques tras la caída del muro de Berlín y la desintegración soviética. Carlos es una figura controvertida, fascinante y contradictoria; es, tal vez, el primer terrorista mediático del siglo XX, un hombre capaz de construir su propia imagen para después vivir a sueldo de dictaduras o regímenes islamistas. Las paradojas y los sinsentidos de una lucha armada sin conciencia. Una saga apasionante.
   Asimismo, fuera de competición se han exhibido numerosos documentales con un peso cada vez mayor en la programación aunque sin una sección propia. Evidentemente, el documental es el gran ventanal por donde se cuelan los conflictos de la historia y las distintas realidades campan a sus anchas. Podríamos citar el panfletario documental de la italiana Sabina Guzzanti, Draquila-l’Italia che trema disparado contra el presidente Silvio Berlusconi usando las armas habituales del «guerrillero» Michael Moore. Cabe destacar el interesante documental de la inglesa Lucy Walker, Countdown to zero, sobre el peligro nuclear; así como el didactismo del norteamericano Charles Fergusson en Inside job sobre la corrupción y la economía para explicar la actual depresión económica mundial que ha hundido a tantas familias. E inolvidable resulta la última incursión del chileno Patricio Guzmán en Nostalgia de la luz en su obstinada y tenaz búsqueda de los desaparecidos de la dictadura chilena en el páramo desértico de Acatama lleno de momias, fósiles y vestigios de la ancianidad gracias a su grado cero de humedad. Guzmán compara la investigación del firmamento y la visión de las estrellas por parte de los astrónomos para esclarecer su misterio con las pesquisas de los familiares de desaparecidos que excavan en el pasado para encontrar la luz de los suyos.
 
Cine norteamericano
 
Anthony Hopkins y Naomi Watts en el nuevo film de Woody Allen.Más allá de la obligada cita con el cine comercial y espectacular que conlleva normativamente la sesión inaugural del certamen francés, proporcionada en esta ocasión por el publicitado estreno mundial de Robin Hood de Sir Ridley Scott y el consiguiente desembarco de glamur y repercusión mediática, el cine norteamericano ha quedado prácticamente relegado a una proporción testimonial dentro de la selección oficial en competición. Ya sabemos que al cine norteamericano no le interesa demasiado un festival de Cannes demasiado escorado hacia el cine más o menos de autor con una cierta sensibilidad por el descubrimiento de nuevos valores emergentes, la reivindicación de un cierto cine europeo y una debilidad por abrazar propuestas periféricas de otras latitudes geográficas.
   Así pues, la única película norteamericana a concurso ha sido Fair game de Doug Liman, un título que podría ajustarse al perfil del cine independiente pero que cumpliría más bien con la cuota de cine progresista o comprometido enraizado con la realidad que ha sido una de los pilares de la presente edición. El resultado de este thriller político de conspiración y abuso de poder —por otra parte, una vertiente muy querida desde siempre por el cine liberal norteamericano— con un matrimonio formado por una cumplidora agente de la CIA encargada de investigar la existencia de armas de destrucción masivas en Iraq posteriormente desacreditada y un marido diplomático en infructuosa búsqueda de pruebas de la venta de uranio enriquecido de Níger a Iraq, es una triste muestra de cine de parvulario aquejado de excesivo didactismo con discursos patrióticos y democráticos revistos hasta la saciedad donde el individuo se enfrenta a un estado que miente y engaña, en esta ocasión para argumentar la invasión de Iraq. Un cine revisionista que llega tarde y mal, filtrado también por el tamiz del melodrama hogareño donde un matrimonio en crisis aprenderá a reconciliarse luchando juntos.
   Por otra parte, Oliver Stone revisita su añejo éxito Wall street en la película fuera de concurso Wall street-money never sleeps retomando el personaje de Gordon Gekko para ambientarlo al contexto actual de crisis global, capitales volátiles, negocios fraudulentos y ganancias fáciles. Un nuevo thriller financiero y económico pusilánime e inocente convertido en puro pasatiempo donde un director como Oliver Stone que se va de vacaciones revolucionarias por Cuba o Venezuela se muestra incapaz e incompetente para hincar el diente en el enrevesado mundo de la bolsa. E igual que le ocurre a Doug Liman, Stone no puede obviar tampoco la tendencia gravitatoria que emana del melodrama familiar protagonizada ahora por la propia hija del fraudulento inversor Gordon Gekko (Michael Douglas), recién salido del presidio, y su emprendedor novio.
   En la situación actual de cine globalizado con proyectos transfronterizos debido a toda clase de coproducciones fruto de la búsqueda de financiación en cualquier parte del planeta se da la paradoja de que ya nadie sabe dónde colocar las etiquetas nacionales de las películas. Así nos encontramos con la figura errática del director norteamericano Woody Allen que parece desterrado o exiliado en Europa y que acude al festival de Cannes fuera de concurso con otra película rodada en Inglaterra aunque también con capital español, You will meet a tall dark stranger. El cineasta de origen judío ofrece una nueva incursión en el género de la comedia coral poblada por varios personajes adultos siempre prestos a buscarse problemas e incapaces de mantener su fidelidad dentro de la pareja. Los moradores de sus comedias de enredos viven sujetos a impulsos irrefrenables e insistentes hacia la aventura,  el flirteo y la conquista del otro. Sus comedias se desarrollan en una especie de arenas movedizas con personajes inconstantes, en continua fluctuación. Nuevas risas procedentes de una comedia más sombría y punitiva de lo habitual que le otorga un cierto aire crepuscular a la película y que deviene un nuevo capítulo de los sabios proverbios o cuentos morales de Woody Allen sobre un género humano nuevamente diseccionado.
 
Hogares inestables
 
Algunas películas han depositado su fuerza en la construcción de una galería de personajes que pivotan alrededor o dentro de un grupo familiar. Radiografías de parejas, variopintos mosaicos humanos, hogares inhóspitos o batallas de poder dentro de la familia. Una de las grandes maravillas del festival ha sido la última realización del iraní Abbas Kiarostami Copie conforme / Certified copy. La película es un fascinante juego de espejos entre realidad y ficción; un inteligente y brillante discurso sobre el original y la copia, sobre lo auténtico y su duplicado llevado al campo de la pareja. Un escritor y una galerista se encuentran en Italia y emprenden una ruta hacia un pueblo de la Toscana. Una película rodada prácticamente en tiempo real que se impregna del bullicio, la historia, el arte, la tradición y la religiosidad de este país mediterráneo y latino. Un juego de máscaras se impone y se instauran la simulación y las apariencias. El film es un maravilloso retrato de una crisis de pareja que se fertiliza de las emanaciones procedentes del clásico rosselliniano Viaje a Italia y que posibilita una actuación memorable de Juliette Binoche reconocida sin problemas como la mejor interpretación femenina del festival.
   Otra espléndida película —pero que se fue lastimosamente de vacío del certamen francés— que reposa sobre el formidable trabajo de dirección de actores se revela en Another year del británico Mike Leigh. Un film estructurado según las estaciones del año que retrata la relación de una pareja madura y estable con sus solitarios y entrañables amigos. Una reflexión sobre la familia y la amistad llena de humor y, también, de sufrimientos. Una película sobre el paso del tiempo y los mecanismos de funcionamiento del órgano familiar. Un hogar pendiente de los suyos que ya no puede seguir albergando las amistades de siempre. También una visión sombría sobre la desolación de un personaje querido pero expulsado naturalmente de la célula familiar. Una película sobre los límites y las fronteras del hogar.
   Un retrato más desolador es el que aparece en Poetry del surcoreano Lee Chang-Dong mediante una cariñosa e inocente abuela que cuida a su nieto. En este anodino hogar ha desaparecido el eslabón de los padres que aparecen ausentes hasta el final de la película, cuando su presencia ya nada puede aportar. Esta sacrificada abuela desea tomar lecciones de poesía gracias a su carácter también ensoñador e infantil. Pero la vida irrumpe con tanta fuerza  que la poesía será al final un lamento conmovedor sobre el dolor de una chica joven suicidada después de ser violada por compañeros de clase entre los cuales se encuentra el propio nieto de la abuela. Las clases de poesía aportarán una emotiva lección de vida que ayudará a la abuela protagonista a compartir sensaciones y emociones en un ejercicio soberbio de complicidad mediante su poema final cuando ella ya se ha desvanecido.
Mike Leigh, presente en la seccion a competicion con "Another Day".Proveniente igualmente del continente asiático, The housemaid del también surcoreano Im Sangsoo, recurre al entorno familiar con la intención de construir un enrevesado thriller alrededor de las relaciones de poder y sometimiento de una doncella dentro de una familia rica. Adulterio, erotismo, violencia, humillación y embarazos se mezclan a menudo de forma arbitraria y gratuita en este hogar a punto de derrumbarse. Una realización solemne, ampulosa y esteticista convierte este nido de víboras, de mujeres ambiciosas, ricas y destructivas, en una película finalmente discreta y olvidable.
   Gran atractivo posee también la película de clausura fuera de competición The tree de Julie Bertucelli. El rodaje en Australia y los parajes remotos que se representan retoman algún componente primitivo y atávico como ese metafórico y simbólico árboldotado de vida y otras propiedades más allá del cauce natural de su crecimiento. Una familia pierde el referente paterno y se hunde en la depresión. En este contexto de abatimiento el árbol parece comportarse como un humano más: sus raíces se expanden y amenazan con desplazar la casa, sus frondosas ramas caen y destrozan el dormitorio, una hija empieza a vivir en el propio árbol centenario creyendo escuchar los lamentos del padre en los susurros del viento al cruzar el árbol. El peligro se cierne sobre la inestable casa y el árbol debería ser talado. Pero una conjunción de elementos como un ciclón que arrasa la comunidad y arranca de cuajo el árbol provocan la huida reparadora de la familia. Se impone un nuevo comienzo y por tanto sobreponerse a la pérdida del padre.
 
El género como prisión
 
En la sección oficial no se esperaba demasiado del regreso de Takeshi Kitano con Outrage al universo violento de las películas de yakuzas. Después de las aventuras y juegos autoreflexivos y metacinematográficos conducidos hasta un callejón sin salida, el retorno de Takeshi Kitano al género de los gánsteres se ha saldado con una profunda desilusión. Las rivalidades, traiciones y asesinatos; los comportamientos lacónicos, las expresiones faciales pétreas y los estallidos agresivos; la violencia seca, el sadismo cómplice y las atrocidades cercanas a la parodia poca cosa aportan ya a un universo demasiado codificado, cerrado y explotado. Sólo algunos fogonazos permanecen en un film que parece haber sido rodado con desgana y apatía. Un Kitano sin poesía ni imaginación en una sucesión de lugares comunes y tópicos enquistados.
   El veterano director francés Bertrand Tavernier compitió con La princesse de Montpensier mediante en un ejercicio improductivo de género caballeresco de orden literario y retórico. A pesar de la buena ambientación del siglo XVI, la convincente recreación de la época y la esforzada interpretación de un elenco joven la película de Tavernier nunca consigue levantar el vuelo por culpa de un argumento viejo que se mueve alrededor exclusivamente del amor con los habituales ingredientes de romances, bodas concertadas, amantes adúlteros, intrigas palaciegas, guerras de religión, pasiones ocultas y amores puros y absolutos. Sin embargo, lo que resulta más llamativo es el enfoque de comedia adolescente que desprende la obra con una mujer que encarna el oscuro objeto del deseo de numerosos pretendientes. Un melodrama romántico donde se convocan todas las acepciones del amor: desde el amor pasional y arrebatado pasando por el amor tranquilo y respetuoso del matrimonio y llegando hasta el amor platónico y sublime.
 
 

PALMARÉS CANNES 2010
 
 

SECCIÓ OFICIAL LARGOMETRAJES Y CORTOMETRAJES
 

El jurado de la Sección Oficial a competición presidido por el director norteamericano Tim Burton y constituido por la actriz británica Kate Beckinsale, la actriz italiana Giovanna Mezzogiorno, el director del Museo Nacional del Cine de Italia Alberto Barrera, el escritor y guionista francés Emmanuel Carrere, el actor portorriqueño Benicio del Toro, el compositor francés Alexandre Desplat, el director español Víctor Erice y el director, actor y productor indio Shekhar Kapur otorgó los siguientes galardones:
 

• Palma de Oro para Lung boonmee raluek chat dirigida por Apichatpong Weerasethakul.
•  Gran Premio para Des hommes et des dieux dirigida por Xavier Beauvois.
•  Premio a la mejor dirección para Mathieu Amalric (Tournée)
•  Premio al mejor guión para Lee Chang-dong (Poetry)
•  Premio a la interpretación femenina para Juliette Binoche (Copie conforme de Abbas Kiarostami)
•  Premio a la interpretación masculina ex aequo para Javier Bardem (Biutiful de Alejandro González Iñárritu) y Elio Germano (La nostra vita de Daniele Luchetti)
•  Premio del jurado para Un homme qui crie dirigida por Mahamat-Saleh Haroun.
•  Palma de Oro al mejor cortometraje para Chienne d´histoire del francés Serge Avédikian
•  Premio Especial del Jurado para el cortometraje Micky Bader de la sueca Frida Kempff.
 

PREMIOS UN CERTAIN REGARD
 
El jurado presidido por la realizadora Claire Denis y compuesto por la crítica sueca Helena Lindblad, el periodista suizo Patrick Ferla, el director del festival de Pusan Kim Dongho y el director de la Cinématheque Française Serge Toubiana reseñó los méritos de la película inaugural de la sección O estranho caso de Angelica de Manoel de Oliveira
• Gran Premio Un certain regard y Fondation Groupama Gan pour le cinéma para Ha ha ha del surcoreano Hong Sangsoo
• Premio del Jurado para Octubre de los peruanos Daniel Vega y Diego Vega
• Premio de interpretación para les tres actrices del film Los Labios de los argentinos Ivan Fund y Santiago Loza: Adela Sánchez, Eva Blanco y Victoria Raposo.
 

CINÉFONDATION
 
Galardones entregados per un Jurado presidido por el director Atom Egoyan y formado por los directores Carlos Diegues y Marc Recha, y las actrices Emmanuelle Davos y Diana Droukarova. La selección Cinéfondation estaba conformada per trece films de estudiantes de cine de todo el mundo.
•  Primer Premio para Taulukauppiat del finlandés Juho Kuosmanen
•  Segundo Premio para Hinkerort Zorasune del francés Vincent Cardona
•  Tercer Premio (ex aequo) para Hinkerort Zorasune del norteamericano Vatche Boulghourjian y Ja vec jesam sve ono sto zelim da imam del serbio Dane Komljen
 

PREMIOS JURADO ECUMÉNICO correspondientes a la Sección Oficial
 
•  Primer Premio para Des hommes et des dieux del francés Xavier Beauvois.
•  Dos Menciones Especiales para Another year del británico Mike Leigh y Poetry del surcoreano Lee Chang-Dong
 

PREMIOS FIPRESCI
 
•  Tournée del francés Mathieu Amalric de la Sección Oficial a competición
•  Pal Adrienn de la húngara Agnes Kocsis  de la Sección Un Certain Regard
•  Todos vos sodes capitans del gallego Olivier Laxe de la Sección Quincena de Realizadores.
 

PREMIO CAMERA D’OR
 
Un jurado presidido por el actor Gael Garcia Bernal y formado por el director Stephane Brizé, el director de fotografía Gérard de Battista, el empresario Didier Diaz y la crítica Charlotte Lipinska otorgó este premio a la mejor opera prima dentro de las competiciones Sección Oficial, Un Certain Regard, Quincena de Realizadores y Semana de la Crítica
•  Año bisiesto del australiano-mejicano Michael Rowe presentado en la Quincena de los Realizadores
 

PREMIOS QUINCENA DE LOS REALIZADORES
 
•  Premio Art Cinéma a Pieds nus sur les limaces de la francesa Fabienne Berthaud
•  Premio SACD (Sociedad de autores y creadores dramáticos) al mejor largometraje francófono para Illégal dirigido y escrito por Olivier Masset-Depasse
•  Premio Label Europa Cinémas al mejor largometraje europeo para Le quattro volte del italiano Michelangelo Frammartino
•  Premio Cortometrajes ex aequo para Cautare del rumano Ionut Pituresco y Mary last seen  del norteamericano Sean Durkin.
 

PREMIOS 49 SEMANA DE LA CRÍTICA
 
•  Gran Premio para Armadillo de Janusz Metz
•  Premio SACD i Premio ACID para Bi, dung so! de Phan Dang Di
•  Premio OFAJ/TV5 MONDE de la crítica joven para Sound of noise de Ola Simonson y Johannes Stijame Nilson.
•  Gran Premio Canal+ al mejor cortometraje para Berik de Daniel Joseph Borgmana
• Premio descubrimiento Kodak al mejor cortometraje para Deeper than yestreday de Ariel Kleiman.
 
 
 
EL HOMBRE LOBO (2010) (VERSIÓN EXTENDIDA DEL DIRECTOR)

THE WOLFMAN (Joe Johnston)  

       
 
Características DVD: Contenidos: Menús interactivos / Acceso directo a escenas / Escenas eliminadas / Versión original de cine y Versión extendida del director (Con 16 min. Adicionales). Formato:  Pal 1.85:1 , 16:9. Idiomas:   Castellano, Inglés e Italiano . Subtítulos: Castellano, Inglés, Italiano, Croata, Griego, Portugués, Rumano . Duración: 118 mn. Distribuidora:  Universal Pictures Iberia. Fecha de lanzamiento: 15 de julio de 2010. 

SINOPSIS: Lawrence Talbot es un noble que regresa a Inglaterra tras enterarse de la noticia de la desaparición de su hermano. Una vez en la mansión familiar, se reencuentra con su padre, Sir John, de quien se había distanciado notablemente desde que se marchara del lugar, y con la prometida de su hermano, Gwen Conliffe. Ésta le ruega encarecidamente que haga todo lo posible por encontrarlo y Lawrence comienza a investigar los hechos sucedidos. Es entonces cuando descubre que un animal monstruoso ha matado a varios habitantes del pueblo. Esta terrible noticia y el encuentro con Maleva, una misteriosa gitana, harán que se enfrente con una terrible verdad vinculada con la licantropía y su propia familia.
COMENTARIO: Curt Siodmak, hermano del conocido realizador Robert Siodmak, rubricó el guión que sirvió de base para la ahora venerada cult movie El hombre lobo. En su segundo y breve periodo de esplendor con el cine de terror (el género duraría lo que la segunda contienda mundial), la Universal consiguió en aquel 1941 atormentado por la guerra un éxito impensable con un monstruo que pocos años antes, en 1935, no le había reportado, injustamente a nuestro parecer, éxito alguno en la apreciable El lobo humano, la cinta que realmente abordó por primera vez el mito, pues se interpretó como una copia del gran éxito que fue El hombre y el monstruo (1931), de Rouben Mamoulian, un relato que curiosamente parte precisamente del mito licantrópico. Pero fue la cinta con Lon Chaney Jr. la que sentó cátedra (a saber si la necesidad de escapismo tuvo su papel) e incorporó a la galería del terror de la Universal una criatura que, para variar, no tenía referentes literarios concretos (como fue también el caso de La momia), aunque el background mítico de la misma se perdía en los albores de la humanidad. Siodmak tuvo en cuenta ese caldo remoto y confeccionó una historia profundamente oscura, donde ponía el acento en la ambigüedad con respecto a si se trataba de una auténtica transformación o de una licantropía clínica. Sin embargo, el director y productor de la cinta, George Waggner, optó por lo obvio: una historia más simple y un explícito hombre lobo, aunque conservó lo que acaso da más fuerza al mito: su condición de maldito. Siodmak había razonado tal extremo cuando comentó, con miras a hacerlo entendible, que, del mismo modo, él no eligió ser judío, simplemente nació así y sufrió su condición en tiempos nazis. La grandeza del clásico de 1941, y también del de 1935, está en el subrayado trágico de que el monstruo no elige serlo; al contrario, le aterra saber que indefectiblemente su yo se diluye en cada transformación para dar paso a un animal atroz sin consciencia ni remordimiento. Asimismo, Siodmak incluyó el factor de la plata como material que mata a los lobos humanos, aunque otro elemento que recogía el film de 1935, esto es, la luna llena como desencadenante de la transformación, quedara sorprendentemente omitido.
 
El remake de 2010: un proceso complejo, un producto eficaz
 
El remake de la Universal, que finalmente ha dirigido Joe Johnston, recoge el sobrecogedor extremo trágico de la maldición, pues parte igualmente del guión de Siodmak, y al inicio de la cinta, grabado en piedra, reza el cuarteto que se repite en el film de 1941 (en una traducción al castellano, cabe admitir, mucho mejor que la que se ofrece en el clásico), absoluta creación del guionista judío pese a que muchos creyeron eran versos antiguos, o realmente gitanos, a quienes ambas cintas presentan como potenciales garantes de los lobos humanos. La voz en off de la gitana Maleva (Geraldine Chaplin) lee: «Incluso el hombre de corazón puro, que reza al hacerse oscuro, puede convertirse en lobo, cuando el matalobos florece, y la luna de otoño crece». Por mucho que Benicio del Toro asegure ser gran admirador de este clásico y de los filmes Universal desde niño, y que albergara protagonizar un remake desde hace muchos años, inquietud que participó al productor y representante suyo, Rick Yorn, aún cupo interesar a la Universal, propietaria de los derechos. Y resulta sospechoso que ésta no diera su aquiescencia hasta que la «creación pseudoliteraria para adolescentes» de Stephenie Meyer deviniera un aplastante éxito editorial desde 2005, y luego un demoledor éxito de taquilla desde 2008. Puede que razones para el recelo no le faltaran en éstos nuestros tiempos, en que el cine ha demostrado saber mostrar una dimensión del terror, acorde con las atrocidades de nuestros días, que supera todo lo concebible anteriormente, tanto en lo escatológico como en la todavía más aterradora zona oscura que alberga nuestro cerebro, ese pánico que brota desde el interior de nosotros mismos sin necesidad de monstruos, ni fantasmas, ni nada concreto, ante la contundencia de la existencia, en un mundo que se angustia por momentos debido a amenazas de toda índole. El pavor a la pérdida, a la disolución de la consciencia del yo, la sospecha de no vivir una realidad cierta (de ahí la moda Philip K. Dick) son otras expresiones de ese terror esquizoide o paranoide: muestras potentes de ello son El sexto sentido (1999) o Los otros (2001). Por supuesto que también hay la versión fácil, con fantasmas y títeres del más variado pelaje. Así las cosas, las pseudocreaciones de Meyer que recurren a los antiguos monstruos no pretenden tanto asustar como recrear blandenguerías pseudoeróticas adolescentes en situaciones que mueven a la hilaridad. ¿Dónde se ha visto que haya vampiros y lobos con espíritu humanitario y sentimientos candorosos? Si Stoker levantara la cabeza… Y así, estaba cantado que el remake de un clásico con criatura peluda y fauces pavorosas que en 1941 parece aterró convincentemente al público, no podía avanzar en tales pretensiones en un mundo mucho menos ingenuo. Francis Coppola lo sabía cuando abordó su Drácula (1992), en que si bien cedía a determinados territorios románticos (seguimos en una sociedad patriarcal y burguesa en que el idilio heterosexual parece obligado modelo a incluir), la criatura también conservaba su dimensión más diabólica en un estilizado ejercicio donde una espectacular puesta en escena lo era todo, señoreando consciente en un mundo estrictamente audiovisual con un código hecho de retazos, un melting pot postmoderno y fraccionado en que parece seguimos moviéndonos. Son otras las fibras que vibran ahora en las legiones de admiradores de las criaturas de la Universal, no ajenas al deleite cinéfilo y a una olvidada estética onírica y expresionista indiscutiblemente maravillosa.
    El nuevo Hombre lobono da miedo, ni creemos que en el fondo lo pretenda, aunque en sintonía con los tiempos recurra al hiperrealismo gore con moderación para así no estropear la elaborada factura estética. La cinta se consume con el mismo placer y agrado con que se asiste a la narración de un cuento cerca del fuego. En más de un aspecto es deudor de la creación y reflexiones estéticas de Coppola: con respecto al clásico de 1941, se cambia el marco contemporáneo del original por otro igualmente aristocrático (Siodmak estaba en contra de ello porque no veía a Chaney Jr. como noble) ahora de talante victoriano en un Londres finisecular como el del Drácula de Coppola, la música de Danny Elfman, como la de Wojciech Kilar, es densa, atmosférica igual que la propia puesta en escena, sinfónica, majestuosa…, las imágenes, tenebrosas, góticas, dominadas por la niebla, cielos plomizos y noches negras de luna llena vislumbrada entre retorcidas ramas, cuando no de pasillos oscuros invadidos por el viento y los susurros, poseen esa potente belleza claroscura y decadente que aún seduce. Los principales personajes masculinos, el Lawrence Talbot de Benicio, y su padre, el John Talbot de un Anthony Hopkins a quien el perceptible piloto automático todavía no le perjudica, acusan fatalidad, en el segundo incluso se torna puro vacío emocional y rendición ante lo que finalmente es. John, causante de la muerte de su esposa, genera un trauma infantil en Lawrence, quien es aleccionado en un manicomio para que entienda la atroz escena como un suicidio de la madre que el padre contempla impotente. John está harto de esconderse en noche de luna llena en la cripta donde reposan los restos de su idolatrada esposa y, descontrolado, mata a Ben, hermano de Lawrence. Perverso, volverá a encerrarse para que su hijo, que ya ha sufrido la mordedura paternal y todavía ignora la maldición familiar, resulte el único culpable a ojos de la policía y la población vecina. Lawrence se ha tornado un afamado actor shakesperiano en Estados Unidos, a quien su cuñada Gwen informa de la misteriosa pérdida de Ben después de una representación de Hamlet en el proscenio londinense, tras años de no pisar suelo patrio. Asimismo Gwen sufrirá tormento y remordimiento una vez Lawrence sea víctima de la maldición de su padre. La cinta, apenas sin ápice de ironía, salvo por lo caricaturesco del psiquiatra que atiende a Lawrence en su segundo ingreso en el manicomio, acusado ahora por la policía de licantropía clínica, remitiendo así levemente a la idea original de Siodmak, se precipitará hacia la denodada persecución final que el inspector de Scotland Yard, Abberline (Hugo Weaving), personaje también levemente caricaturesco, lanza contra Lawrence, no sin que antes se produzca un combate final a cuatro patas (insólita manera de mostrar la criatura en el cine, con raros precedentes) entre padre e hijo de connotaciones fácilmente freudianas. Quizá haya que lamentar la ausencia de mayor dimensión en los personajes: hay situaciones que dejan la extraña sensación de ser sólo apuntes de algo más, como el idilio entre Lawrence y Gwen, que queda muy esquemático, o las motivaciones sentimentales y emotivas de ésta camino de la traca final, o lo concerniente a ese sirviente fiel de los Talbot, el guerrero sikh…, pero es posible que ello sea atribuible a la azarosa producción que ha sufrido un film cuyo proyecto se anunció en 2006 en base al guión de Andrew Kevin Walker, que a punto estuvo de truncarse cuando el director inicial Mark Romanek —de quien se dice hubiera ahondado en la negrura de la criatura y de la historia en sí, redundando en un film más ambiguo y complejo—, abandonó a pocas semanas de iniciarse el rodaje al no avenirse al presupuesto inicialmente fijado en unos 90 millones de dólares (acabó siendo de más de 120) pues sintió su creatividad amenazada.
   Tras barajarse precipitadamente nombres como Brett Ratner, Frank Darabont, James Mangold, Bill Condon y Martin Campbell, la responsabilidad recayó, tres semanas antes de iniciarse el rodaje, en Joe Johnston. Todo ello repercutió en el guión, que sufrió modificaciones de mano de David Self, una vez superada la célebre huelga de guionistas de 2008 que, en concecuencia, afectó el proyecto, y en los sucesivos retrasos en sus anunciadas fechas de estreno —noviembre de 2008, febrero, abril, julio y noviembre de 2009, y finalmente febrero de 2010—. Mientras tanto, se volvieron a rodar algunas secuencias, pues, entre otros cambios, se decidió sobre la marcha pasar al hombre lobo de bípedo a cuadrúpedo, y se intentó una nueva banda sonora a cargo de Paul Haslinger, más electrónica, como consecuencia de abreviar media hora el metraje. Sin embargo, el tono gótico de la cinta obligó a volver a Elfman. Pese al verismo del rostro que luce Benicio del Toro en el film, no cabe duda de que se trata de un homenaje a la máscara que luce Chaney Jr. en el clásico, obra de Jack Pierce. Rick Baker, el jefe de maquillaje responsable, asegura dedicarse a esta profesión por su admiración hacia la labor de Pierce, quien ya intentó que la máscara la llevara Henry Hull en El lobo humano, sin embargo, el actor se negó por las largas horas de maquillaje que suponía. Baker ha lamentado, por otro lado, un uso excesivo de los efectos digitales en el remake, a los que Johnston dice no haber tenido más remedio que recurrir en un grado mayor a su intención dada la premura con la que se enfrentaba al aceptar el encargo. Puede que en algún momento ello moleste, aunque cabe admitir que se da en contadas ocasiones, y no precisamente en las logradas transformaciones.
    Por último, cabe observar que el presente DVD contiene la inserción de una escena que no recordamos en su exhibición pública. En el compartimento del tren que llevará a Lawrence a la heredad familiar, un personaje anciano (espléndido cameo de Max Von Sydow) le obsequia un bastón con cabeza de lobo en plata, objeto que en el remake no tendrá finalmente función alguna aunque sí en el clásico de 1941: ¿se trata acaso de un gap debido a tanto cambio en el guión? El parecido de ambas cabezas de bastón es asombroso. Se trata de una secuencia muy inquietante pues el anciano le asegura haberlo adquirido «hace siglos» en Gévaudan. Un espacio geográfico al que remite otro film que aborda el tema de la licantropía en época reciente El pacto de los lobos (2001), de Christophe Gans.
 
Ignasi Juliachs
LA BANDA SONORA DEL MES: «SHREK, FELICES PARA SIEMPRE»
SHREK FOREVER AFTER (2010, Harry Gregson-Williams) 
                                      
Varèse Sarabande 302 067 024 2, 2010
Duración: 42: 34.  
Enlace con K Industria.

Al reparar en el tema de obertura de la banda sonora de Shrek, felices para siempre, Harry Gregson-Williams parece «jugar» con la idea del «homenaje», en esta caso, orillando la tradición musical patria como había hecho en Shrek Tercero (2007) para decantarse por la «apropiación» de algunas notas características del trabajo de su colega Howard Shore en El señor de los anillos (2001). Estrenada a la par que la primera entrega sobre la versión cinematográfica de la obra magna de J. R. R Tolkien, Shrek se ha convertido en una de las franquicias más rentables de la primera década del siglo XXI con el denominador común de contar con textos musicales escritos por Harry Gregson-Williams. Tan sólo en el film seminal, el mayor de los hermanos Gregson-Williams encontraría respaldo creativo en John Powell, quien a partir de entonces dedicaría sus esfuerzos a labrarse una trayectoria profesional saldada hasta la fecha con un balance algo por debajo de lo esperado. En cambio, Harry Gregson-Williams ha evidenciado a lo largo de la pasada década su inquebrantable voluntad por tomar el relevo de los compositores sinfónicos angloamericanos, aunque haya debido completar sus mejores scores en el ámbito de una serie de producciones de marcado (en apariencia) perfil infantil y/o adolescente, ya sea a través de la animación digital parcial —las dos primeras entregas de Las crónicas de Narnia— o total —el póker de producciones de Shrek—. Paradojas del sistema de producción cinematográfico actual que permite a compositores como Gregson-Williams explayarse en desarrollos sinfónicos en films del sesgo de Shrek pero, por el contrario, se ven forzados a construir sus scores para títulos de un perfil más «adulto» sobre bases de sintetizadores que evidentemente le restan potencial creativo.
    Dos líneas compositivas son las que principian la esencia de la banda sonora de Shrek, felices para siempre.  En primer lugar, el autor inglés se mueve sobre registros melódicos que se van modulando en la medida que se dosifican esas notas al piano, las flautas y ciertos fraseos a la guitarra que aportan calidez al personaje del ogro de color guisante, en correspondencia con su estado civil —casado y padre de una criatura— y un entorno de gozosa felicidad. Sin abandonar esta perspectiva melódica, el británico regresa al concepto de vals que ya había adquirido un desarrollo musical en paralelo en los primeros «Shrek». En buena lid, en manos de los responsables de la franquicia, las «sombras» de la historia vienen pautadas por un pasado que pretende perpetuarse en el presente. De ahí que la segunda línea compositiva haga  referencia explícita al personaje de Rumpel y de su séquito —instalados, todos ellos, en un majestuoso castillo poblado de torreones—, para el que Harry Gregson-Williams asigna un tema con sus correspondientes variaciones evaluado en la combinación de percusión, violines, trompetas y trombones que se ofrecen como un signo de vuelta al pretérito, a unos tiempos en que conocimos las andanzas de un ogro capaz de «honrar» a su nombre. Como suele ser moneda común en Harry Gregson-Williams los cambios abruptos de tono y ritmo delimitan unos modos compositivos que abundan en la idea de leer a los personajes desde sus respectivos estados emocionales y no tanto en la adjudicación de una instrumentación o timbres orquestales que los definan en el pentagrama. Por consiguiente, esas franjas compositivas apuntadas, a menudo se solapan, se yuxtaponen en un discurso musical que se eleva en la parte final del metraje —cuando el sentido épico gana terreno— para dejar, en forma de coda, constancia nuevamente de un «homenaje» que asimismo puede interpretarse en clave de sugerir que el autor de los scores de Shrek hubiera sido un firme candidato a la hora de llevar la batuta de la partitura de Lord of the Rings.•
 
Christian Aguilera  
EL LIBRO DEL MES: «JOSEPH LOSEY»
Editorial: Cátedra.
Colección: Signo e Imagen / Cineastas nº 83.
Autor: Joaquín Vallet Rodrigo.
Fecha de publicación: junio de 2010.
327 pp. 11,0 x 18,5 cm. Rústica.

Joseph Losey fue un cineasta de una gran personalidad, que en los años 60 y principios de los 70 se le consideró  uno de los autores de referencia en el panorama cinematográfico mundial, premiado en los mas importantes festivales europeos, con algunos éxitos de taquilla en su haber, estudios de su obra y venerado por las revistas especializadas, sobre todo las francesas. Hoy casi olvidado por el público —prueba de ello, la ausencia de escritos en torno al cumplimiento de su centenario el año pasado— e ingnorado por la plana mayor de los analistas cinematográficos (en especial por gran parte de la critica española, quizás debido a lo mal estrenados de algunos de sus films más reveladores de su talento como El merodeador  o Rey y patria, cuando no inéditos caso de M o The Big Night)  hasta hace poco solo se había registrado un libro publicado en castellano, Conversaciones con Joseph Losey (1971) que abordara al cineasta norteamericano.
   La reputación de cineasta «maldito» de Losey viene avalada por algún que otro film «destruido» por los productores como Eva (1962), la firma de varios films bajo seudónimo y/o rodados en régimen de semiclandestinidad —Imbarco a mezzanotte (1952), El tigre dormido (1954) e Intimidad con un extraño (1955)—, pero sobre todo merced a su exilio europeo por culpa del senador MacCarthy y el Comité de Actividades Antiamericanas que éste presidía, acusándolo de favorecer de filocomunista.
   En términos generales, Losey se puede considerar un humanista de ideología marxista, pero reacio a una izquierda más radical, influenciado por una educación puritana que descubrió en el teatro y la radio una forma de expresión donde poder desarrollar todo su potencial La direccion cinematografica de Losey estuvo muy influenciada por su pasado teatral.creativo y sus ideas políticas. Sus ocupaciones escénicas le llevaron a debutar en el cine bastante tarde, ya cumplidos los cuarenta años. En esta primera época utilizaría el cine negro como alegoría para criticar la sociedad americana. Impelido a declarar ante el Comité de Actividades Antiamericanas, por su afiliación en el partido comunista norteamericano, decide exiliarse a Europa  manteniendo su compromiso ideológico, e iniciando una nueva etapa en su filmografía. Salvo ese fondo crítico, las películas del periplo inglés guardarán poca o nula relación con el cine que Losey había rodado al otro lado del Atlántico. Al respecto, resulta curioso como un norteamericano marxista entendía incluso mejor el sistema de clases y la jerarquía inglesa que sus coetáneos del free cínema. La necesidad de adaptar su estilo a una visión más profunda de la complejidad del individuo y de sus problemas le conducen a comprender que no basta con denunciar las injusticias de la sociedad sino que debe hacer reflexionar al público desde el entretenimiento. Así pues, elabora películas duras y de un pesimismo absoluto, en especial cuando colabora con el escritor Harold Pinter en El sirviente (1963), Accidente (1967) y El mensajero (1970), todas ellas adaptaciones de novelas de cierto prestigio. En los últimos años de su carrera profesional y vital Losey rodaría en diferentes países como México, España y Francia, en un periodo bastante discutible a todos los niveles. 
   El cine de Losey se ha caracterizado por tratar temas delicados, como las jerarquización de la sociedad, la critica al sistema, el antibelicismo, los derechos humanos, las relaciones personales, el racismo, la relaciones de cariz masoquista por lo que respecta a distintos estrados sociales, y en definitiva, interpretando la vida siempre en términos individuales nunca colectivos. La puesta en escena en el cine de Losey surge de una herencia teatral brechtiana y expresionista, con unas composiciones dinámicas, unos fluidos desplazamientos de cámara, que tratan de no perder comba de unas interpretaciones llenas de fuerza. Asimismo destaca el uso expresivo de los decorados y de los objetos (sus planos de los espejos ya forman parte de su marca de estilo), así como la adecuación de una música, por lo general, de ritmos jazzísticos.Alan Bates, protagonista de "El mensajero", el film que supuso la tercera y ultima colaboracion entre Harold Pinter y Joseph Losey.
Salvadas estas pinceladas biográficas sobre el cineasta estadounidense y su obra fílmica, cabe decir que el libro escrito por Joaquín Vallet se convierte en un acto de reparación moral y de justicia en torno a su autor y su cine. En el texto se busca desentrañar las claves del cine de Losey, partiendo del análisis del estudio de la integridad de de toda su obra, desde su primer film El muchacho de los cabellos verdes (1948) hasta el ultimo Steaming (1985). De esta manera, las vivencias personales, las circunstancias que incurrieron en la existencia de su autor y la época que le toco vivir cobran una importancia vital, para poder entender su dimensión como cineasta.
   Estructurado en una primera parte que abarca una extensa biografía personal, el cuerpo central del libro se encomienda al análisis de todos y cada uno de sus films, complementado en su parte final con una detallada sinopsis y filmografía artístico-técnica, todo lo editado en DVD, y una extensa bibliografía de los libros, entrevistas y artículos publicados. En suma, nos encontramos ante un libro bien escrito y muy documentado, en que se pone de relieve que para Vallet nada es dejado al azar en su análisis; siempre atento en buscar el detalle, desde la interpretación hasta la puesta en escena y las lecturas de carácter alegórico o simbólico que merezcan determinadas películas. Un ejercicio reflexivo pero que, al mismo tiempo, se muestra entretenido a la hora de leer. Merced al afán reivindicativo de Vallet esta monografía contagia desde su primeras páginas las ganas por volver a ver o iniciarse en el cine de Losey.  Joseph Losey es, pues, una obra imprescindible para conocer, descubrir y comprender, tanto al hombre como su cine, aspectos indisociables el uno del otro.•
 
Jordi Busquí Gil
EL «MILAGRO» DE ROSENTHAL

THE MIRACLE WORKER (1962)                                        
Laurence Rosenthal
Intrada Special Collection Volume 130, 2010.
Duración: 34: 44. Edición limitada. 
 

Para lo que se podía aventurar al principio de su participación en el medio cinematográfico, Laurence Rosenthal (1926, Detroit, Michigan) nunca llegó a encadenar una serie de títulos que le dieran carta de naturaleza para figurar entre los compositores escogidos de la gran pantalla. Aun así, Rosenthal favoreció a un considerable número de producciones de los años sesenta y setenta con la adecuación de unos scores que principian el valor de la calidad y, porqué no decirlo, el riesgo que éste asumiría con partituras que nadaban fuera de las corrientes del convencionalismo. Rosenthal entendió su entrada en el mundo del cine como una oportunidad de expresión creativa en el sentido más amplio de la palabra, explorando con sonidos que suponían un factor de novedad en el espacio de la música de cine. Si bien Jerry Goldsmith, sobre todo a partir de El planeta de los simios (1968), lideró esa «revolución silenciosa» en el uso y el manejo de unas pautas compositivas abocadas hacia lo experimental, Rosenthal, entre otros, le acompañaría en este «viaje». 
Puestos a recuperar el legado musical de Laurence Rosenthal cara a los aficionados de nuevo cuño, pero asimismo los de largo recorrido, el sello Intrada acaba de editar The Miracle Worker (1962), con un trabajo a cargo del veterano autor que define su vocación por salirse de la tangente y redefinir el objeto de la composición cinematográfica. Director bajo la influencia de la nouvelle vague más que de las dinámicas inherentes al cine estadounidense denominado clásico, Arthur Penn trataría de guiar a Rosenthal en el sentido de que la banda sonora ocupara el espacio imprescindible a lo largo del metraje, sin alterar o distraer la atención sobre el fin que perseguía la adaptación cinematográfica de la obra de William Gibson que el primero había adaptado para la escena teatral y para la televisión. La música, por consiguiente, se localiza en unos tramos muy concretos de esta producción de United Artists, aquellos que sirven a la causa de definir el carácter de la «pequeña salvaje» Helen Keller (Patty Duke) y su interacción con el personaje de su tutora Ana Sullivan (Anne Bancroft). Una colisión de caracteres que Rosenthal traduce en el pentagrama con un proverbial sentido de la austeridad, pero al mismo tiempo con una lucidez absoluta en la «radiografía» de ese mundo interior que trata de abrirse al exterior desde la comprensión propia de un adulto al encontrar asidero en los métodos aplicados por Ana, ahuyentando de esta forma las conductas marcadas por sus progenitores —el «capitán» (Victor Jory) y Katie (Inga Swenson)—. En el ánimo de un director como Ingmar Bergman, el texto de Gibson en su trasvase al celuloide le hubiera brindado la oportunidad de extender un manto de silencios y, si acaso, emplear fragmentos de música clásica —Bach, Litsz, Chopin,...— en lo que se traduciría como banda sonora. No obstante, Penn, admirador de Bergman —un sentimiento recíproco— optaría por la participación de un compositor que creara un comentario musical ex profeso para las imágenes, que redundara en ese dibujo interior de aflicción y dolor, de incesante búsqueda de una nueva realidad a la que Helen parece privada debido a la sordera y ceguera que  padece. Por ello, el score de Rosenthal ahonda en la descripción de ese espacio fantasmagórico —las sábanas níveas agitadas por el viento refuerzan esta sensación— en el que se ve atrapada la pequeña desde las primeras secuencias del film, las inmediatamente posteriores a un prólogo en el que se filtran unas notas preliminares de intenso dramatismo. En la poco más de media hora de música —sobre un total de un film cuyo metraje sobrepasa la hora y cuarenta minutos— escrita por Rosenthal recogida en su integridad en el presente CD, tres son los tratamientos que dominan el score: por una parte, la elaboración de un tema que va adoptando diversas variantes pero sin perder comba una inocencia expresada merced a la fusión del arpa y de la celesta; en segundo término, la cuerda cobra peso en forma de glisando para las escenas en flash-back que tiñen de pesar la mente de Ana al evocar a su hermano pequeño; y en última instancia, el uso de la técnica del mickeymousing (por ejemplo, cuando su tutora la enseña a vestirse en el cobertizo) que el compositor aplica como contrapunto de un dramatismo que parece incubarse en lo más hondo de Helen. Solo cuando ésta razona que las acciones pueden explicarse a través de las palabras —en su caso, merced a un código cifrado manual—, entiende el porqué de la severidad de las enseñanzas de Mrs. Sullivan. Entonces cobra su verdadera significación el tema propuesto por Rosenthal, expresión de una amalgama de sentimientos que tratan de desprenderse de las cadenas de ese mundo en tinieblas al que parecía condenada la desdichada Helen. Una creación musical que, por su carácter rupturista pero perfectamente integrado a ese paisaje interior que domina al personaje de la hija de los Keller, ha superado con creces las embestidas del tiempo y hoy en día debe entenderse como una muestra que legitima el talento —no siempre aprovechado para la gran pantalla— de Laurence Rosenthal, junto a su score para Becket (1964) y su díptico de música antropológica, La venganza de un hombre llamado caballo (1976) y La isla del doctor Moreau (1977).•
 
Christian Aguilera